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Capítulo 8

- Si- dije nerviosa, movía la cabeza como si ese si no fuera suficiente para afirmar lo obvio. 

Justin estaba delante de mi, llevaba unas deportivas negras con tachuelas que acaban en puntas plateadas, unos jeans desgastados, una camiseta como si fuera interior de tirantas y una sudadera con capucha roja, resaltaba mucho en su cuerpo pálido. El cabello lo llevaba despeinado como si acabara de despertarse pero no tenía cara de recién levantado. Siempre iba tan perfecto. 

- ¿Para qué me querías aquí?- dije rompiendo el silencio.

Justin me estaba observando con la mirada, lo que me ponía incomoda, iba fatal, no me había arreglado. 

- Para…- y se quedo mudo, sin saber que decir.

En ese momento supe que hice mal en venir, que como Luci me había advertido, estaba cayendo en sus redes. 

- No importa…- dije empezando a caminar hacia la salida- No sé por qué he venido.

Pasé por su lado, aguantando las lágrimas sin saber por qué, me molestaba ser tan sentimental, no me gustaba expresar tanto mis sentimientos. Pero algo me detuvo, Justin no se había movido, bueno, si, su mano agarraba mi cintura, conteniéndome para que no me fuera. Tuve la mala suerte de que la camiseta se había levantado un poco más de lo normal y la mano de Justin me estaba tocando la barriga. Estaba fría pero su tacto me ponía la piel de gallina. Movió su mano aun más hasta ponerla en mi cadera, atrayéndome hacía él un poco más. 

En ese momento sentía que me moría, que el mundo había llegado a su fin, que no podía haber una mejor sensación en el mundo. Que aunque mis padres me compraran un perro, nada podría igualarse a lo que yo sentía ahora mismo. No me había dado cuenta de que mi respiración se estaba agitando.

- ¿Alguna vez te has dado un baño por la noche?- susurró.

Podía susurrarme que para mi sería como si gritara. Yo miraba hacía el pasillo, Justin hacía la piscina, su boca había quedado donde estaba mi oído, un poco más cerca y sus labios me habrían rozado la oreja. 

- Justin…Estás demasiado cerca- dije sin preocuparme de lo tonto que sonara.
- ¿Eso te incomoda?

Aunque no giré mi cabeza para mirar a Justin, pude sentir como sonreía.

- Mucho.

La mano de Justin se quito de mi cadera y me sentí vacía, su contacto había hecho que tocara el cielo. Justin al quitar la mano, me cogió de la mano, me pillo de imprevisto y se me paró el corazón. Él hizo el típico paso de tirar de mi mano para que diera una vuelta y acabara delante de él. Lo había hecho con una delicadeza espectacular, mi mirada había quedado en sus labios, eran hermosos. Otra vez me había quedado embobada, noté la mano de Justin que bajaba por mi espalda hasta parar a mi cintura. Sabía lo que quería y no se lo iba a dar. Me di la vuelta, no podía mirarle o me perdería en su mirada, quedé mirando a la piscina, delante de él.

- No, no me he bañado nunca por la noche.
- ¿Qué te apetece ahora?
- No llevo el bikini.
- ¿Y?
- No, Justin.

Pero era demasiado tarde, me había levantado como si fuera una pluma e íbamos hacía la piscina, no me dio tiempo ni a gritar, tan solo puse mis brazos rodeando su espalda y mi cabeza en su cuello, olía genial. Sentí el agua rodearme y tiré de mi hacía arriba, pero un gracioso llamado Justin tiró de mi hacía abajo, él sonreía debajo del agua. Pero aunque su sonrisa fuera encantadora, me estaba faltando el aire y necesitaba salir. Moví las manos rápidamente, Justin me soltó y casi no llego afuera. Me apoyé en el borde y empecé a respirar sin control.

- Ey ¿estas bien?- me pregunto Justin.
- ¿Qué te crees? No. Casi me quedo sin aire.
- Oh, venga, no seas delicada, yo te habría hecho el boca a boca- echó su cabello mojado hacía atrás, ya que unos mechones tapaban la mitad de un ojo. 
- No me hace gracia Justin. Eres un maldito inmaduro.

Quise impulsarme hacía arriba para salir, pero Justin tiro de mi hacía abajo, su fuerza era mil veces mayor.

- ¡PARA!- grité- Ya estoy harta, quiero ir a mi cuarto ya.
- ¿Tan agua fiesta eres? Te veía más divertida- me dijo.

Me reí irónicamente y lo miré a los ojos, estaba demasiado cerca, pero ni eso podía amortiguar mi enfado.

- Eres tal y como me habían dicho.
- ¿Quién? ¿Lucinda? A esa lo que el pasa es que se enamoró de mi y ya sabes… Yo no soy chico de una sola chica.
- Engreído ¿te crees que vas a tener a todas para ti? Eres un hijo de mama, crees que tienes a todas las chicas comiendo de la mano. ¿Sabes qué? Ese plan de chulito no te va a servir para nada, las chicas se acaban cansando de eso. No somos de usar y tirar, tenemos sentimiento.
- Oh, venga, a las chicas os encanta este juego del chico malo y la chica buena.
- A mi no.
-A ti la que más.

Y me quiso besar, pero soy rápida, me empuje gracias al bordillo hacía abajo y nadé fuera del alcance de Justin. Fui hacía la escalera más cercana y salí de la piscina. Justin seguía en el agua, fui hacía él.

- Quiero que sepas una cosa.
- Soy todo oídos chica gruñona- dijo desde el agua sonriéndome. 

Me puse de cuclillas, delante de él.

- Que sepas que a esta chica de aquí- me señalé- Jamás la vas a besar, nunca voy a ser una ficha más de tus juegos, no soy una niña que cuando quiera vas a poder tener nada más con un pestañeo de ojos. Vale que tus ojos encandilen, pero tengo tres dedos de frente y sé que los chicos como tú al final son peores que el propio demonio.

Dicho eso me levante, iba a irme pero Justin habló.

- ¿Has escuchado eso de nunca digas nunca?- me dijo casi riéndose. Su risa cesó- No des nada por hecho todavía, Candy.

No le di oportunidad a decir nada más. Me encontraba a las 2 de la madrugada en el baño intentando secar un poco mi cabello. Mi ropa no se podía secar. Me sentía orgullosa de mi, del discurso que le había dicho al engreído ese, pero temía aun así caer en sus manos, era tan difícil no hacerlo.... Iba a necesitar toda mi fuerza de voluntad y más.

Regrese a mi cuarto empapada, Lucinda seguía dormida, me cambié sigilosamente por un pijama seco, guardé el mojado y fui a meterme en la cama cuando la luz del cuarto se encendió rápidamente. 

- Hueles a Justin- dijo Lucinda.
- Yo… Yo… No vale, no tengo nada que decir, creía que ibas a estar durmiendo y nos íbamos a ahorrar esta estúpida conversación. 
- Creía que no ibas a ir- me dijo.

Ella se sentó al borde de su cama, yo igual, nos miramos. Era increíblemente guapa aun recién levantada, su cabello pelirrojo rizado estaba alborotado, lo que le daba una esencia sexy. 

- Pero fui ¿Quien no hubiera ido? Quería saber para que me había citado allí.
- ¿Para qué creías? ¿Para ir a hacer un picnic debajo de las estrellas y confesarte que se enamoró de ti desde la primera vez que te vio y que ahora no puede vivir sin ti? Oh, vamos, Candy.
- Para tu información, no paso nada. Me tiró a la piscina, me intentó ahogar, me quiso besar, me escaqueé y le eché el sermón del siglo sobre que nunca me iba a tener.
- Y no te lo crees ni tú- dijo ella, mirándome a los ojos.
- No- dije decepcionada conmigo misma.
- Y te arrepientes de no haberle dejado que te besara.
- Exacto.
- Lo típico, buenas noches Candy.
- Buenas noches, Luci.

Y ahí quedo la conversación, Lucinda me había quitado la máscara que decía que no quería ser besada por el chico malo. Por favor ¿Quién no quiere ser besada por esos labios tan rosados y perfectos? Tan solo espero que Justin no tenga la oportunidad de volver a estar tan cerca como para besarme, porque no sé si me llegará la fuera para volver a escapar.

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