Lucinda me había hablado pestes de Justin, pero la seriedad con la que me dijo la frase y lo preocupada que parecía hasta me asusto. Su cabello rojo estaba suelto y parecía fuego, deslumbraba en su pálida cada, si no tuviera ese humor, parecería una muñeca de porcelana.
- Él me dijo de vernos hoy….
- ¿Y qué vas a hacer?- dijo sin dejarme terminar.
- Por Dios, Lucinda- bufé- No voy a quedar con él. Se lo tiene muy creído ¿qué crees que me puede tener tan rápido?
- Él lo cree… y me alegra que no sea así- me miró y sonrió.
Vale que daría miedo, pero cuando sonríe es una sonrisa de esas que te alegran la vida, que te sacan de lo malo para enseñarte lo bello, es como una sonrisa que ha sido practicada por miles de años, pero es fresca. No me lo espero, pero ella me abraza, no hay mucho contacto, solo siento los brazos alrededor de mi cuello. Ella se separa tímida.
- ¿Y donde has estado todo el día?- le pregunto- No te he visto.
- Con amigos- dice encogiéndose de hombros.
- ¿Con ese tal Michael? ¡Eh!- dijo guiñándole un ojo.
- Oh, no, por favor- dice riendo- él es como mi hermano.
- Ah, bueno, si dices eso... ¿y tienes hermanos?- dije cayendo en mi cama.
- Eh, bueno- ella se rascó su nuca- No.
Agachó su mirada, su gesto se veía sin vitalidad. Me acerqué a ella, quizás había dicho algo inapropiado.
- ¿Esta todo bien?- dije.
Ella me miró, es como si estuviera llorando, pero no había lágrimas en su cara, aun así, yo veía la tristeza en sus ojos, una tristeza que me rompía el corazón.
- Murió- susurró.
- Yo…yo… Lo siento. Soy hija única, pero eso tiene que ser fatal.
- Pero lo que más me duele es que no estuve allí cuando murió.
- Seguro que fue por algo importante- le acaricie el cabello.
Y la conversación se terminó allí, estuvimos en silencio unos minutos hasta que yo volví a mi cama y ella se fue. Harta de estar sola decidí ir al cuarto de mi amiga, Julie, pero al parecer no había nadie, así que decidí investigar el castillo.
No investigué mucho, cuando encontré la sala donde todos se reunían y vi a Ruben, me quedé allí, sentía como la necesidad de disculparme.
- Hola- dije acercándome.
- Hola…Espera- Rubén miró a mi alrededor- ¿No esta ese amiguito tuyo por ahí para protegerte?- dijo haciendo comillas con sus manos en la palabra protegerte.
-- me reí- No es ni mi amigo y no, no esta aquí. Quería pedirte perdón por lo mismo. No lo conozco y bueno, creo que esta loco- sonreí y él también.
- Lo parece- nos quedamos en silencio- Creo que ya sabes como me llamo.
- Si, Rubén. Yo Candy, encantada- le di mi mano.
- Igualmente- dijo mirándome con sus ojos color turquesa- ¿Te apetece ir con mis amigos a jugar al billar?
- Claro, por qué no… Por cierto ¿sabes donde esta la piscina cubierta?- pregunte mientras íbamos a la mesa del billar.
- Claro, vas por aquellas escaleras- dijo señalando unas que se veían desde la puerta- Bajas esa escalera y la que la continua, luego tiras el pasillo derecho todo recto y al final esta la piscina. ¿Por?
- Pura curiosidad.
Y era verdad, solo era curiosidad, no iba a ir a la cita, claro que... no.
Rubén me presento a sus amigos y jugamos dos partidas, luego fuimos todos a tomas unos helado y otros unos batidos. Me lo pasé bien con ellos, para lo tímida que yo soy, con ellos me sentía suelta. Sobre las 8 me acompañaron a mi puerta, la sorpresa fue ver a Julie allí. Me despedí de los chicos y me quedé con ella.
- ¿Qué pasa?- pregunte.
- Te he llamado al teléfono, no contestabas. Vine y no había nadie, me fui, volví y ahora apareces con unos chicos que acabas de conocer.
- Tú eres la primera que ha desaparecido, fui a tu cuarto y no había nadie.
- Seguro que fue cuando estaba en el baño…- dijo ella.
- Anda, entra.
Metí la llave en la cerradura y entramos en mi cuarto. Ella notó el aroma, pero no le resulto del todo tan desagradable para mí, aun que ahora pensándolo… Ya no lo notaba tanto, hasta me relajaba. A la medía hora o tres cuarto apareció Luci.
- Hola- dije.
Lucinda me sonrió y luego miró a Julie, se miraron por unos segundos.
- Ella es mi mejor amiga, Julie- señalé a Julie- Ella es Lucinda mi compañera de habitación.
Lucinda levanto al cabeza en forma de saludo. Me acuerdo que el primer día conmigo también estaba así de….seria.
- No quería molestar… Mejor me voy.
- No, da igual si total… Íbamos ya a cenar ¿no?- miré a Julie.
- Si- dijo ella.
- Entontes…vale- Lucinda se quito sus botas para sentarse en al cama con un libro.
Julie y yo cenamos, evitó el tema de mi compañera de habitación, solo me dijo que era rara y en eso estaba de acuerdo con ella. La cena pasó rápido, la acompañé a su habitación y yo fui a la mía. Eran las 9 y media. Lucinda estaba más que dormida, procuré no despertarla, me puse el pijama y me metí en mi cama. Este día había sido agotador.
Me levante, me coloqué mis converses bajas negras. Iba con mi pijama de pantalón largo negro con lunares blancos, camiseta blanca de tirantes que si movía los brazos se me veía el ombligo, pero total, era para dormir. Cogí cuidadosamente mi rebeca gris larga y me al coloqué. Peine mi melena negra, enredándose el peine un poco en los nudos que se había hecho mis puntas al moverme en la cama. Miré al espejo que había en al habitación y vi como mis ojos brillaban. Deje de mirarme y salí de la habitación.
Hice todo el recorrido que tenía que hacer, baje las escaleras, torcí a la derecha y justo cuando vi el agua reflejarse en el techo, me pregunté que hacía allí ¿Por qué había bajado? Tenía mis dudas ¿por qué me quería a mí? Había tantas chicas… y me escogió a mí.
El agua sonaba cuando se chocaba, entre en la habitación, la piscina era más grande que la que estaba en el aire libre. Había sillones blanco que parecen muy cómodos y también una barra de bar con taburetes.
Me agache para tocar el agua de la piscina, es una manía que tengo, me gusta sentir el agua tranquila correr entre mis dedos. Estaba haciendo el tonto allí, en mi reloj marcaban las 12 y allí no había nadie. Estaba ya levantándome cuando una voz entró por mis oídos y me produjo cosquillas:
- Así que al final has venido.
Pude oír lo orgullosa que sonaba su voz, me entraron ganas de patear su cabeza, pero estaba de nuevo en una nube.

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