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Capítulo 33

Me sentía nueva por fuera y muerta por dentro. Sentía sus brazos agarrándome y el verde césped debajo de mi, pero no me producía nada, estaba muerta por dentro como ya había dicho. Y es que… ¿Cómo podía haber sucedido todo esto? ¿Cómo podía estar yo enfrente de las tumbas de una de mis mejores amigas y su novio? Y la causante de todo esto era yo.

El sol brillaba arriba y había una brisa buena, pero nada de eso me importaba. Ayer, después de que Justin se disculpara porque había matado a Rubén y de que los mayores lo pasaran por alto, Justin me cogió del suelo, yo me negaba a abandonar a Lucinda… Ella jamás lo habría hecho y sentía que se lo debía. Pero no podía hablar, así que no me pude quejar. 

Justin me llevó a la residencia asegurándome de que mañana habría dos tumbas y debajo de ellas dos cuerpos… o lo que quedará de ellos. Yo no le podía responder. Me quedé en el cuarto de Justin ya que él supo que yo no podría estar en mi cuarto sabiendo que mi compañera jamás volvería. No sé cuanto dormí, pero siempre que me despertaba por una pesadilla Justin se encontraba a mi lado, abrazándome, velando por mí.

Me levanté esta mañana las dos, no quise comer y seguía sin poder hablar. Justin no me preguntó porque… quizás oyó en mis pensamientos que no podía hablar y me quiso dejar en paz.

Justin me estrechó más fuerte entre sus brazos. Llevábamos delante de sus tumbas casi una hora, no habíamos hablado. Cogí aire, mientras una lágrima bajaba por mi mejilla, era impresionante que aun pudiera llorar.

- No se lo merecían. – dije sin saber como, ya que intente hablar de nuevo y no pude.

Justin me besó el cuello, fue como un premio por hablar.

- Nadie se lo merecía, pero ya no hay marcha atrás... Así es el amor.

Quise responderle, pero no podía, me había vuelto a quedar en shock mirando la lápida de mi amiga. No creo que hubiera nada debajo ya que yo había visto como los vampiros se había descompuesto a los segundos, pero me parecía un detalle que hubiera un punto donde pudiésemos sentir que estuvieran allí.

“Es muy común quedarse muda después de haber pasado por un momento importante, te has impresionado y aterrorizado” Dijo la voz de Justin en mi cabeza.
“Tenían una vida por delante” Pensé.
“Tenían pensado escaparse a Italia esta mañana”

Entonces chillé y volvía llorar con más ganas. Me tumbé en el césped agarrando una de las piernas de Justin. Les había jodido la vida, por mi culpa no podrán ir a Italia, por mi culpa no podrán ser felices.

“No tuviste la culpa, Candy. La culpa la tuvo Rubén.”

Ya que Justin vio que yo no le respondía, él me seguía hablando y se lo agradecía, no quería sentirme sola ahora mismo.

“¿Lucinda te habló de su hermano?”
“Si, murió y ella no pudo estar allí”
“¿Sabes por qué?” Justin no esperó mi respuesta. “Su hermano sufrió mucho cuando supo que habían secuestrado a su hermana, pero aun así, supo superar todo, se casó con una mujer que había sido su mejor amiga desde la infancia y tuvo dos niños y una niña. Lucinda decía que cuando escuchaba a su hermano a hablar de la niña a sus amigos le decía que se parecía mucho a su hermana, Lucinda. Eso la hacía feliz, aunque su hermano no dejara ver ningún síntoma de como se sintiera por su hermana, por lo menos ella sabía que aun la recordaba. Su hermano murió a los 54 años, en esa época llegar a esa edad era un logro. Murió de una enfermedad, Lucinda vio desde la ventana del cuarto de su hermano como moría rodeado de su familia, de la todavía pequeña Lucia, así se llamaba la hija de su hermano en honor a Lucinda… Lo que ella siempre se arrepintió fue de no contarle la verdad a su hermano, de decirle que era un vampiro pero que estaba bien, que siempre le iba proteger… Pero ella decidió mantenerse a parte, vigilarlo, ver como sus sobrinos daban los primero pasos, como a la pequeña Lucia le crecían los primeros rizos pelirrojos. Quiso mantener a su hermano alejado de la existencia de vampiros… Quiso que viviera una vida feliz y la vivió, lo que a ella le hacía contenta.”

Mi llanto disminuyó.

“¿Por qué me cuentas esto?” Quise saber.
“No sé… Quiero que recuerdes a una Lucinda feliz, a una Lucinda que se preocupaba por todos ya que era su instinto. Siempre quiso ser madre, pero ya sabes, los vampiros no pueden. Así que siempre cuidaba a su amigos como pequeños hijos suyos, sobretodo a ti, te quería mucho y te cuidaba.”

Sonreí y pensé en Lucinda, cómo me había cuidado a pesar de todo. La quería y siempre la querré, siempre la recordaré. 

“Antes de que todo pasará, Lucinda y Michael se estaban mirando. ¿Sabes que se decían?” Pregunté.
“Si. Se decían lo mucho que se querían y que por fin todo había acabado. Lucinda le dijo que no llegara tarde, que Italia les esperaba. Y otras cosas, pero fueron demasiado cursis.”
“Su amor era verdadero” Dije sonriendo.
“Al final y al cabo si, Michael le hizo sufrir mucho, pero a lo largo de todos estos años siempre la cuido como si se fuera a romper”

Entonces me dediqué a mirar de nuevo a las tumbas, les tenía celos cuando estaban en vida. Era como si hubiesen sido creados el uno por el otro.

“¿Tú me quieres?” Le pregunté a Justin.
“Cuando te escuché en mi mente, diciendo que no te buscara, que no me pusiera en peligro por ti, me reí. Es decir, estabas diciendo que dejara que te matarán para que yo viviera… Vale que yo no me hubiera muerto como Michael, pero eso es otra cosa. Si te hubieran llegado a matar yo no podría haber seguido viviendo. Tú eres ahora por la única cosa por la que moriría y viviría. Gracias a ti sé que puedo ser feliz, que no todo tiene que ser malo. Gracias a ti sé que esta eternidad puede ser buena.”
“Sabes que no me quiero convertir” Le recordé.
“Si. Pero no te hablo de eso. Tú envejecerás y yo te seguiré amando. Y llegará el día en el que tú mueras y los dos dejemos por fin este mundo atrás”
“¿Enserio me querrás cuando tenga arrugas?”
“No me importa tu físico, cariño, me importa tu interior y eso si que jamás cambiará. Te quiero a ti por lo que eres y por lo que hiciste en mi”

En ese momento agradecí que lo estuviera diciendo en mi cabeza, ya que me parecía algo muy intimo.

“No me has respondido a mi pregunta” Dije sonriendo.
“Es que no te quiero, te amo Candy. Tenía miedo a decírtelo demasiado pronto, pero creo que hemos pasado por suficientes cosas como para que te lo pueda decir. ¿Sabes? Siempre agradecí la inmortalidad porque siempre tuve miedo a morir, pero sé que cuando te llegué tu día, yo moriré junto a ti sin temor a nada. Me has quitado mis miedos.”
“¿Crees que habrá algo después de esto?” Pregunté.
“Eso espero, porque yo no pienso alejarme de ti”

Giré mi cabeza y le besé. Era lo que necesitaba ahora mismo, un beso suyo, que sus ganas de vivir se me pegarán. Me puse encima de él besándole. Mientras que Justin colocó su mano en mi espalda pegándome a él. El beso era lento, besé sus labios por separado, con amor, con pasión, con lo que los dos sentíamos.

- Te amo- le susurré en los labios.
- Te amo- me susurró en los labios.

Nos seguimos besándonos, me olvidé hasta de las tumbas. Pero algo hizo que Justin se separará lentamente de mi, sacó su teléfono del bolsillo.

- ¿Si?- dijo él- Hola, ¿tienes lo que te pedí? ¿QUÉ?- gritó poniéndose de pie- ¿Enserio? Oh, gracias, gracias. No, calla, ya me dirás las pegas cuando llegué.

Justin colgó y guardó el teléfono. Me miró y sonrió, me agarró la mano.

- ¿Dónde vamos?- pregunté.
- Ya lo verás.

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