- La huelo.- dijo Lucinda.
- Y yo. - le dije mientras me agachaba al suelo.
Entonces lo vi, vi lo que olía a ella… Era un coletero negro, estiré mi mano para cogerlo y lo olí como cual perro.
- ¿Es suyo?- dijo Michael.
- Si y huele a Rubén.
Apreté el coletero en mi mano mientras me volvía a poner de pie. Miré a mí alrededor, ¿Dónde podía estar? ¿Dónde se la podía haber llevado?
- Tenemos que buscarla.
- ¿Por donde empezamos?- dijo Lucinda- Hay que ser rápidos… Cada segundo es crucial.
- Ir a avisar a los vampiros mayores, yo empezaré a buscarla por la residencia… - me hice una pequeña herida en mi dedo índice- beber y si alguien la encuentra o sabe algo, hacérmelo saber.
Los dos bebieron de mi sangre con el fin de mantenernos comunicados… Yo sentiría si la encontraban. Michael y Lucinda rápidamente se fueron del cuarto de baño, yo me fui también corriendo sin saber ni si quiera por donde empezar ya que su olor se empezaba a ir.
NARRA CANDY.
Me rendí, las patadas y los gritos no hacían nada, solo conseguían que él me agarrará más fuerte, había incluso notado como algún que otro hueso crujía y dolía. Mis ojos me escocían por el llanto y mi garganta me ardía. Todavía no me creía lo que estaba pasando, ¿en qué momento todo se había vuelto de un color tan negro? Hace unas horas yo estaba en la cama, durmiendo tan plácidamente mientras que ahora estoy de camino a mi muerte.
NARRA JUSTIN.
La busqué por cada habitación, pero no estaba, no estaba aquí. La busqué en la biblioteca y en el comedor, tampoco. Entonces me paré por un segundo en las afueras de la residencia, pensé en ella, en su sonrisa, en sus ojos verdes esmeraldas, en su cálida piel, en el golpeteo de su corazón y fue como si me pegaran fuertemente en la barriga. Entonces supe que lo estaba pasando mal, supe que la estaban haciendo sufrir y me había prometido a mi mismo que jamás dejaría que nadie le hiciera daño. Empecé a correr, alejándome de la residencia.
NARRA CANDY.
Mi cuerpo choco fuertemente contra el suelo, al apoyar mis manos noté el suave tacto de los hierbajos. Rubén me acaba de bajar de su hombro tirándome fuertemente hacía el suelo.
- Levántate estúpida.
Me cogió del brazo, haciéndome levantar de golpe, casi me vuelvo a caer ya que mis piernas no reaccionaban.
- ¡Para! ¡Me haces daño!- dije estúpidamente.
A cambio recibí unas risas irónicas de su parte y me agarró más fuerte del brazo, empecé a temer de verdad por la salud de mis huesos, los moratones ya los tenía asegurados.
- Quiero que Justin venga, llámalo.
- ¿Cómo quieres que lo llame?- pregunte y en mi boca abierta se colaron un par de lágrimas.
- Justin no te explico nada. Formáis la pareja perfecta, estúpido y estúpida.
- No hables así de él.
Mi mirada se mantenía en el suelo, miraba mis pies. Rubén empujo mi débil cuerpo, haciéndome chocar contra un árbol, rajándome la camiseta, haciéndome sangrar en el costado. Rápidamente puse la mano en la herida.
- Hablaré de él como quiera.
Más lágrimas bajaron por mi cara, jamás había llorado tanto.
-Sangras demasiado fácil, quizás por eso te quería Justin.
Rubén estaba de pie delante de mi, observaba mi herida y negó con al cabeza. Me agarró de los cabellos y me hizo levantar. Grité, grité como si me fuera la vida en ello y es que así era.
- Vamos, ya queda poco. Y para que veas que soy bueno, te voy a decir como puedes llamar a tu querido. Al intercambiar la sangre se crea un vínculo muy fuerte, demasiado fuerte y si a eso le añadimos una pizca de sentimiento por las dos partes es aun más intenso el vínculo. A lo que iba- Rubén era el que hacía que mi cuerpo anduviera, ya que mis piernas apenas se movían-, si piensas en Justin él sabrá donde estas y vendrá…- Rubén me miró- Así sabrá lo que les pasa a los humanos que saben demasiado.
- No lo voy a hacer.
No quería que viniera, no quería que jugara con su vida. Sabía que si venía a por mi, se enfrentaría contra Rubén y a saber si hay más vampiros como él allá donde vayamos. Si yo no consigo vivir, al menos el viviría, si lo llamará… Quizás los dos muriéramos.
- Estúpida, hazlo.
- No.
Rubén se paró en seco y me golpeó la mejilla, haciéndome chillar nuevamente. Con una mano me cogió del cuello y me levanto, haciendo que ni mis pies tocaran el suelo.
- Vas a llamar a Justin o si no después de matarte a ti, iré a por Julie, a por Lucinda y luego a por Justin. ¿Me estas escuchando? ¿Quieres que mueran todos tus seres queridos? Y se me olvidaba, sé donde viven tus padres.
Cerré los ojos, creía que iba a morir ya, me empezaba a faltar el aliento. No quería más muertes, no quería que nadie muriera por mi culpa, yo no quería eso. Rubén me dejó caer de nuevo al suelo, me llevé las manos a mi cuello y entonces, aunque luego me maldijera a mi misma por ello, empecé a pensar en Justin, empecé a llamarlo.
NARRA JUSTIN.
“Justin, Justin, Justin” Escuché en una parte de mi cabeza, apenas era un murmullo, era una voz llena de sufrimiento, pero aun así, la distinguí, era Candy. Me centré más, intenté escucharla, cerré los ojos e intenté localizarla. Esta vez la escuché con más nitidez.
“Justin, si me estas escuchando… No vengas por favor, no quiero que nadie muera, ayuda a mis padres… a Julie, a Lucinda. Cuídalos Justin, confío en ti… Y si llegas a venir, si me llegas a desobedecer y me ves muerta quiero que recuerdes que te quiero y te querré. Siempre seré tuya y tú siempre serás mio.”
NARRA CANDY.
- Ya.- dije sin mirarle a los ojos, las lágrimas dejaban detrás de ellas un camino pegajoso por mis mejillas.
- Espero que no me mientas.
Rubén me volvió a levantar igual de fuerte, aunque esta vez ya no sentí dolor, ya no sentía nada y lo único que quería ya era morir… aunque en mi interior ya estaba muerta.
Llegamos a un descampado, al levantar la mirada pude observar que era verdad lo que yo temía, había más o menos 10 vampiros haciendo un semi circulo observándonos, algunos se lamieron los labios.
- El chico viene de camino- dijo Rubén.
Rubén me soltó delante de ellos como si fuera comida y es que para ellos eso era lo que yo era, había pasado de ser a un ser humano a solo comida, comida de unos depredadores ansiosos de sangre.
En este momento recordé el sueño que había tenido en el coche mientras venía hacía la residencia. Todo lo que yo había visto vivo, estaba muerto. Y así era ahora todo, a mi alrededor solo había cuerpos sin almas, personas sin corazón.
Y yo solo quería morir, si era eso lo que me merecía que así fuera, había estado jugando con fuego por demasiado tiempo.

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