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Capítulo 30

Narra Lucinda.

Candy acababa de abandonar el cuarto, rápidamente me puse a leer la revista. Era de cotilleo, me hacía gracia todo esos rumores que sacaban de los famosos, cuando yo nací no había de estas cosas. Dejé la revista en la cama de nuevo y estiré los brazos, no es que lo necesitaba pero ya eran cosas que se me habían grabado en la mente, como respirar. Escuchaba murmullos detrás de la puerta, estos humanos hablan tan fuerte... y en medio de esos murmullos escuche como pegaron a la puerta.

En una milésima de segundo ya estaba con la mano sobre el pomo para abrir la puerta. Cuando la abrí del todo no había nadie detras, saqué mi cabeza y miré dudosa a los dos lados del pasillo… Nadie. Cuando cerré la puerta y me giré, supe quien había sido. Michael se encontraba en mi cama mientras observaba mi revista.

- No entiendo como te puede gustar esto.
- Es entretenido- dije mientras me encogía de hombros e iba a la cama. 

Michael era rápido, era el vampiro más rápido que nunca había visto. Él dejo la revista a un lado y abrió los brazos para que me pudiera colocar. Tenía el cabello negro y su flequillo le tapaba un pelín los ojos grises. Era hermoso, el más hermoso. Michael apoyó su barbilla en mi cabeza. Me sentía bien en sus brazos.

Lo había intentado con otros chicos, pero con ninguno era igual, Michael siempre será especial para mi y yo para él. Es una relación extraña, además, yo debería odiarle, por él soy así… por su culpa viviré una eternidad aburrida. Pero no me importa, mientras él este a mi lado el mundo se puede ir a la mierda que yo sería feliz. 

- Te extrañe.- susurré.

Michael me abrazó más fuerte.

- Y yo a ti, siempre lo hago. Te extraño cada instante en el que no estoy tocando tu piel… Se me hace difícil no venir a acosarte todo el día.
- Yo no te lo impido. 
- Esta Candy y no quiero que se sienta incomoda.
- A la mierda Candy, a la mierda todos. Yo solo quiero estar contigo, Michael.
- Oh, que chica más egoísta.
- Si es por ti yo sería la más egoísta.

Me giré hasta quedar cara a cara con él. Michael era como un hermano, como un mejor, amigo, como un padre, como el mejor novio… para mi. Muchas veces me asusta esta sensación, ya que sé que si algún día me pasara algo a mí o a él, el otro también sufriría, si yo muriera… él moriría. Temo que él se muera por mi culpa, pero ese es el precio a pagar de habernos intercambiado la sangre. 

- Te amo, ¿lo sabes?- me dijo y beso mi nariz.
- Siempre lo supe.

Él sonrió y me fue inevitable besarle. Lo ansiaba y el sentimiento que yo sentía por él era más fuerte que yo. Michael puso sus manos en mi cintura, por debajo de la camiseta. El hueco de mi cintura era como si estuviera hecho para que él colocara sus manos. Estábamos hecho el uno para el otro o por lo menos, así lo creía yo.

- Quiero que nos vayamos de esta residencia, quiero dormirme y despertarme a tu lado- dijo Michael en mi odio, me hubiera puesto roja si mi corazón todavía latiera.
- Cuando quieras, sabes que yo contigo me iría hasta el fin del mundo.
- ¿Mañana? Vayamos a Italia.
- ¿Otra vez?
- Si, sé que te encanta ir por ahí montada en una vespa roja. 
- Ya sabes, soy una chica clásica.
- Y comeremos una buena pizza- dijo y los dos nos empezamos a reír nada más que él terminó la frase.
- Mañana al amanecer te estaré esperando en esa puerta. Si no vienes me enfadaré.
- No la haré esperar.

Y nos volvimos a besar, no sé cuantos besos nos habíamos dado desde que nos conocimos, pero cada uno era tan especial y distinto como el primero.

- Oh, por favor, cortaros un poco.

Apreté los puños controlando las ganas de girarme y romperle la cara a Justin, su maldita voz la reconocía en todos los lados. Me aparté de Michael y bajé mi camiseta.

- Ya decía yo que empezaba a oler mal aquí. 
- ¿No te gusta mi perfume nuevo? 

Puse los ojos en blanco.

- ¿Qué pasa tío?
- Ay, Michael, ya se te ha empezado a pegar el habla vulgar de estos humanos…. No me esperaba eso de ti.

Justin se había sentado en la cama de Candy y nos miraba.

- Justin…- dije.
- Es broma, si sabéis que os quiero, sois la pareja más adorable de esta residencia.
- ¿Qué quieres?

Justin miró por toda la habitación y luego nos miro de nuevo.

- ¿Donde esta Candy?- Justin sonreía.
- Ha ido al baño- me callé por un segundo y me levanté corriendo-. Hace media hora.
- ¿Qué pasa?- preguntó Michael.

Estábamos los tres de pie, Justin estaba nervioso y Michael no entendía nada. Justin me miró a mí y luego desapareció de la habitación. Agarré de la mano a Michael y lo saqué del cuarto junto a mí.

- Uno de los novatos la ha estado vigilando- le explique a Michael de camino al baño.
- ¿Cómo se llama?
- Rubén… Candy no sabe mucho, no la queríamos preocupar, pero ha habido olor de Rubén en nuestra habitación.
- ¿Justin lo sabe?
- ¿Por qué si no iba a estar tan preocupado?

NARRA JUSTIN.

Empujé tan fuerte la puerta del cuarto de baño que incluso pensé que se iba a romper, pero no me importaba, yo solo quería ver a Candy sana y salva detrás de ella. Pero no estaba. Solo había un grupo de chicas que se sorprendieron al verme.

- Iros.- dije firmemente.

Todas como si fueran robots se fueron rápidamente del cuarto de baño. Fui puerta por puerta, cortina por cortina que había en el cuarto de baño viendo si estaba Candy en algún sitio, pero no estaba y lo había sabido desde el instante en el que había entrado, no sentía su corazón aquí. Pero percibía su olor, pero muy poco. Escuché unos pasos detrás de mí, eran Lucinda y Michael.

- No esta.- dije serio.

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