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Capítulo 30

Al abrir los ojos me encontré tumbada en un sofá verde. Me sentía llena de vitalidad y creo que podría correr un maratón y llegar la primera. Giré mi cabeza, mientras estiraba los brazos y Víctor me observaba sentado en una silla.

- Hola- le saludé con una voz ronca.
- Hola cielo- dijo levantándose y besando mi frente- ¿Cómo has dormido?
- Muy bien, me siento nueva.
- Me alegró. Te preparé algo de comer ¿quieres?
- Si, tengo hambre. Además, tengo que engordad, se me notan los huesos una barbaridad y queda feísimo. 

Víctor se fue a la cocina, yo me senté en el sofá.

- Ya sabes que aquella enfermedad que tuviste te debilitó mucho y perdiste mucho peso, pero te comes tres hamburguesas y listo.
- Lo raro es que no me acuerde… Pero bueno, si tú lo dices. Se me hace la boca agua al pensar en hamburguesas, hace mucho que no como una ¿no? No me viene el sabor.
- Si, desde que fuimos al cine la semana pasada nada…

Víctor volvió y traía un trozo de tarta de chocolate con un zumo de naranja.

- Me encanta el chocolate- dije sonriendo- Gracias.
- Nada cariño, haría todo por ti. Me alegra que estés feliz.
- ¿Por qué iba a estar triste? Lo tengo todo, solo extraño a mi madre ¿sabes cuando termina su gira con el teatro representando su obra? La quiero ver.
- - Víctor se rascó la nuca- Pues no sé, pero ya le faltará poco.
- Eso espero- dije comiendo el pastel.
- ¿Te apetece que vayamos a dar una vuelta? Hace buen tiempo para ser invierno.
- Vale, termino esto y me voy a vestir.

Me visto simple, unos leotardos negros y un jersey verde. No me maquillé ¿para qué? No tengo que ser alguien que no soy y el maquilla tan solo hace bórrate tus imperfecciones y eso justo es lo que hace a la gente única. 

Víctor ya estaba listo, salimos de su casa me enganché a su brazo y empezamos a caminar, vivía cerca de un pequeño parque muy bonito, todos los niños iban allí a jugar.

- Quiero ser madre- le dije- Me encantan los niños, son tan bonitos y adorables- dije sonriendo- Pero cuando sea mayor, ahora mismo quiero terminar los estudios.
- Muy bien pensado.

Empezamos a caminar, pero de repente Víctor se paró y levantó la mano saludando a alguien. Un chico empezó a correr hacía nosotros.

- Eh, Víctor- dijo el chico sonriendo mientras se terminaba de acercar.
- Hombre ¡Cuánto tiempo!- Víctor me soltó y fue a abrazarle- ¿Cómo te va?
- Bueno, estoy tirando- el chico paro y me miró- Pero bien.
- Pues mi alegro mucho, enserio.

Ellos empezaron a hablar, pero a mi el chico me había causado impresión. Tenía el cabello rubio ceniza y unos ojos color miel preciosos. Sus labios en forma de corazón estaban rosados. Es delgaducho y es más alto que yo. Es hermoso y al verlo, se me corta la respiración.

- Hola, Alaya- me dijo el chico.

Ahí me quedé con la boca abierta.

- Perdona ¿nos conocemos?
- Eh… No, no- el chico se rascó al nuca- Víctor me habla mucho de ti.
- - me sonrojé- Ah ¿y tú eres? 
-- el chico no sonrió, me miro como con pena- Yo… Yo me llamo Justin.
- Encantada de conocerte- dije sonriendo.
- - Justin apartó la mirada de nosotros, luego miró a Víctor- Me a encantado volver a veros, ya… me tengo que ir.

Y se fue corriendo, Víctor y yo volvimos a andar.

- Que chico más raro- le susurré a Víctor.
- Pero es un buen hombre ¿sabes qué? Trabaja en hacer feliz a la gente.
- ¿Enserio?

Que trabajo más guay, hacer feliz a la gente…Pero eso tiene que costar.

- Si y la verdad es que es muy bueno- me dijo.

Giré la cabeza, para ver si estaba, pero no, ya no estaba.

- Bueno ¿me compras un helado? Teno hambre- dije sonriendo.
- ¡Solo sabes comer!- dijo Víctor riendo.

Me desperté llorando y gritando el nombre de Justin. Para muchas personas eso habría sido el mejor sueño, pero para mi era mi peor pesadilla… Olvidar a Justin… No. No quiero y por eso negué la medicina. Me acuerdo de todo lo que ha pasado y tengo todas mis cicatrices. Además las quiero tener. Estoy en mi cama, en mi cuarto todo esta normal.

Pero no me voy a quedar con las manos cruzadas. ¿Justin se piensa que lo voy a dejar ir sin más? ¿Qué no voy a luchar por tenerlo a mi lado? Se equivoca. Escucho el sonido de los tacones de Johanna. Me levanto y me seco las lágrimas, voy directa hacia ella memorizando lo que quiero decir. La veo sentada bebiendo y se lo suelto todo.

- Sé que te importo una mierda, que nunca me quisiste, que fui un maldito error en tu vida. No me quieres ni en pintura y estoy harta de sufrir. Sé quien es mi padre y sé que tu sabes donde trabaja, tan solo quiero que te apiades un poco de mi y me digas la dirección, así no me veras más en tu puta vida y todos felices.

Al final pude coger aire. Ella me miraba, expulsó humo de su boca y habló.

- Dame papel y bolígrafo.

Corriendo lo busque y se lo di. Ella me miró y luego escribió una dirección. 

Y en un abrir y cerrar de ojos, me encontraba en un taxis camino a no sé donde, tan solo me queda creer que Johanna no me haya mentido. Me voy sin maleta ni nada, con lo puedo y con mis ganas de encontrar al hombre que he amado y de ver al padre que me protegió sin yo enterarme.

Empezamos a salir del pueblo, tampoco es que fuera difícil, es un pueblo pequeño, casi todos nos conocemos, casi todos hemos tenido algún momento incomodo con un vecino. Me voy a emprender una aventura sin haberme despedido de mis únicos amigos, ellos me aceptaron tal cual, no me dijeron que cambiara, pero estaba ahí para ayudarme. Sin ellos, sobretodo sin Víctor, no estaría viva ahora mismo.

No quiero dormirme, temo volver a soñar con un mundo perfecto pero en el que no me acuerdo de Justin, temo con ello y prefiero no arriesgarme. Miro por la ventana, esta empezando a chispear, los días así me alegran y a la vez me deprimen, me dan más ganas de llorar, pero no puedo, tengo que ser fuerte.

Estamos fuera del pueblo entonces a lo lejos, veo como unas pequeñas naves. El taxis empieza a disminuir la velocidad hasta parar.

- Hemos llegado- me dice.
- - saco dinero y le doy- Gracias.

No espero la vuelta, me bajo corriendo, no tengo tiempo que perder. Hay personas andando alrededor de la nave, hay niños corriendo, siendo felices. Sigo corriendo como si al vida me fuera en ello y en parte si, siento que me falta algo si Justin no esta a mi lado. En la entrada hay dos seguratas.

- Perdone señorita, no puede pasar- me dice uno.
- Tengo que entrar- digo mirando por la puerta trasparente a ver si veo algo, pero solo un largo pasillo.
- ¿Identificación? 
- Yo…

Me pongo nerviosa y entonces corro hacia ellos, los esquivo, doy las gracias por ser pequeña. Las puertas se abren y avanzo corriendo por el pasillo. No sé a donde voy, solo sigo el pasillo recto, giro a la derecha. Ha empezado a sonar una alarma y dicen “intruso” por megafonía, se refieren a mi. Pero no me importa, voy a encontrar a Justin lo que me cueste.

Los pasillos parecen interminables, me he encontrado con niños por el camino, me miraban como si estuviera loca. Había habitaciones y encontré también gimnasio, huele bien, una mezcla de chuces y flores. Pero no tengo tiempo para perder.

A lo lejos escucho como se abre una puerta y hay pasos. No sé si será él, pero no pierdo nada. Voy por donde he escuchado la puerta y hay muchos hombres. Van vestidos con trajes negros, meno uno que llevaba una camisa blanca y unos jeans oscuros. El hombre se gira y me mira, tiene el cabello castaño y es blanco de piel, lo que más destaca de él son sus ojos esmeraldas. Al hombre le empiezan a llenarse los ojos de lágrimas. 

No me había dado cuenta, pero me estaban persiguiendo, noto como unos hombres me cogen por la espalda. Me hacen daño y suelto unas lágrimas, miro al hombre que me sigue mirando, con la boca abierta.

- Papa- grito- Me hacen daño.

Digo como una niña pequeña, sus ojos esmeraldas lo han delatado y su forma de mirarme. Intento soltarme pero los hombres no me dejan.

- ¡Dejarla!- grita el hombre que me mira.
- Es una intrusa.
- ¿Qué intrusa ni mierda?- dice el hombre acercándose a nosotros- Es mi hija.

Y los hombres de me dejan en el suelo bruscamente, me toco los brazos. “Es mi hija” Sigo llorando, pero estas lágrimas no las controlo yo, salen solas. Los hombres se han ido ya. Jorge se arrodilla a mi lado, me acaricia la mejilla y yo me abalanzo sobre él, abrazándolo.

- Lo siento, lo siento tanto cariño. Pude haber echo de todo por salvarte y no hice nada…- dice entre lágrimas.
- Papa…-susurro.
- Si cielo.

Me separo de él y me mira a los ojos, yo le miro a os suyos, son el mismo verde. Somos la misma persona, él en hombre y yo en chica.

- Ya no vas a sufrir más. 
- ¿Me lo prometes?- le digo.

Él se levanta y me tiende su mano, se la cojo.

- Claro- dice mientras me levanto- ¿Cómo has llegado aquí?
- Johanna me dio la dirección.
- Que raro…
- Creo que ya estaba harta de mí.
- Yo nunca me hartaré de ti- dice besando mi cabeza.

La emoción de ver a mi padre por primera vez ha hecho que me olvide de Justin.

- ¿Y Justin?- le pregunto.
- Alaya…- me susurra.
- Por favor papa…
- No sé donde esta.
- ¿Dónde crees que esta?- le pregunte.
- - él me sonrió- En su cuarto, ven, te acompaño.

La gente nos mira, he oído susurros que hablaban de lo mucho que nos parecemos, no puedo dejar de sonreír. Me falta ver a Justin para ser feliz completamente. No hablamos Jorge y yo, ya tendremos tiempo. Nos paramos en una habitación, él señala la puerta con su cabeza y se va.
Yo cojo aire, preparándome lo que haré cuando lo vuelva a ver. Le gritaré que le quiero, que no me puedo separar de él, que se mude conmigo, que escapemos. 

Pero cuando abro la puerta y lo veo sentado en su cama, con la cabeza entre las piernas y oigo un pequeño llanto se me rompe el alma.

- Mamá no quiero verte- me susurra con su voz ronca.
- ¿Y a mí?- digo apunto de llorar.

Justin levanta la cabeza, no se cree. No me salen todas las palabras que le quería decir antes. Tan solo me sale ir corriendo hacía él y besar esos labios en forma de corazón que tanto me gustan.

Justin me separa de él, me toca con sus dedos, asegurándose que de verdad estoy ahí.

- Por unos minutos pensé que estabas muerta- dice llorando- Me alegra saber que no estaba en lo cierto, pero no te tomaste la medicina. ¿Por qué? Todo el mundo se la toma.
- No te quería olvidar- digo sonriendo, mi cara esta bañada de lágrimas.
- Hubieran borrado todas tus cicatrices.
- Las quiero tener, quiero recordarme todos los fallos que cometí para no volver a hacerlos.

Vuelve a besar mis labios tan lentamente que me enamora aun más.

- ¿Saben que estas aquí?- me pregunta.
- He visto a mi padre- digo sonriendo.

Justin se cae al suelo conmigo y me abraza.

- No te vuelvas a ir- digo en su oído.
- No te vayas tú- me dice.
- No puedo vivir sin tu calor, sin ti.
- ¿Y ahora qué? – me pregunta.
- Viviremos felices. Me voy a mudar aquí, sé que se puede, he visto a niños.
- Pero tienes que estar conmigo.
- Eso no es problema.

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