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Epílogo

Unos tacones resonaban por toda la habitación, quien los llevara puesto no usaba mucho tacones, ya que daba traspiés y casi se mata unas cuantas veces. Había una mujer adulta haciendo la cena y se extraño al escuchar el sonido de los tacones, ya que ella era la única que estaba despierta. No podía dormir, esperaba con ansias la llegada de su esposo y le estaba preparando la cena, ya que seguro llegara hambriento de su largo viaje, aunque lo pasara dormido.

La mujer salió de la cocina, se encontró a una niña pequeña de 4 años subida en unos tacones. La niña tenía el cabello por los hombros y era de un rubio ceniza, estaba medio ondulado. Pequeñas pecas destacaban en su piel morena. La mujer negó con la cabeza y empezó a reír. 

- ¿Qué haces amor?
- No podía dormir mamá, sé que papá viene hoy.
- ¿Y qué haces así vestida?- le pregunto cariñosamente la mujer doblándose de rodillas para ponerse a su altura.

La niña llevaba una camisa de su madre que le servía de vestido, unos tacones rojos, un collar con una mariposa y se había pintado los labios rojos y las mejillas rosas.

- Quería ser tan guapa como tú, mama- dijo la niña poniendo cara triste- Pero no puedo.

Su madre se empezó a reír. La niña se enfado, junto las cejas y saco morritos, es adorable. La niña miro con sus ojos color esmeralda atentamente a su madre.

- ¿Por qué no puedo ser tan guapa como tu? ¡Esto es injusto!- dijo cruzándose de brazos.

La madre fue al baño a coger unas toallitas, fue donde estaba la niña y se sentó en el suelo. 

- Cielo, tu eres hermosa, más que yo.

Nadie se había enterado de que la puerta se había abierto y que un hombre estaba entrando. Escucho la voz de su mujer y de su hija, así que quiso darles una sorpresa.

- Más que tu no- dijo la niña.
- Si, no te hace falta el maquillaje para ser guapísima. Eres bella tal y como eres ¿vale? Y que nadie te diga lo contrario- la madre le empezó a quitar el maquillaje- Además, estoy celosa de ti, papa te quiere más a ti que a mi.

La niña se rio. 

- No, eso es mentira, os quiero a las dos por igual- dijo el hombre.

Las dos chicas giraron la cabeza a la vez para ver al hombre que acaba de entrar.

- Justin…- susurro la mujer.
- Hola cariño- dijo él.
- Papá- dijo la niña corriendo hacia él, se había quitado los tacones.
- ¿Qué haces que no estas dormida? – dijo mientras la cogía en brazos.
- Estaba nerviosa y me dolía la barriguita- dijo la niña mientras se tocaba el estomago.
- ¿Si? Pobrecita- Justin le beso la barriga a su hija- Ahora vamos a dormir que mañana hay escuela.
- Vale…- dijo la niña apoyándose en el hombro de su padre.

La verdad es que tenía mucho sueño, pero no lo quería admitir, quería esperar a su padre como los mayores. Justin acostó a su hija, seguía llevando la camiseta de Alaya. Justin besó al frente de su hija y fue hacia el comedor, Alaya le había puesto la mesa.

Justin tenía 27 años y Alaya 26. Tantas cosas habían pasado en sus vidas, pero las más importantes su boda y el nacimiento de esa preciosa niña. ¡Cuando le había cambiado la vida a Alaya! Ella no quería casarse antes y mucho menos tener un hijo, pero ahora no se arrepiente de nada.

Justin se sentó en la silla y miró a su mujer. Cada día la encontraba más hermosa. Recuerda todo lo que tuvo que pasar, pero mereció la pena. Convenció a Alaya a que fueran a un médico y entonces cada día 1 de cada mes iban a una farmacia y Alaya se pesaba, seguro que era la única mujer del mundo que se ponía feliz cuando la bascula marcaba un número más alto que la anterior vez. Justin estaba orgullosa de ella, Alaya lo hacía por ella y por él.

- ¿Esta rico?- dijo Alaya mientras Justin comía.
- Si cariño. Todo lo que haces tu esta genial.

Alaya apoyo la cabeza en sus manos y sus brazos en la mesa, suspiro, tenía al mejor hombre del planeta. 

-Te quiero- le dijo Alaya. 
- Y yo a ti- dijo Justin.

Ya no le daba vergüenza, se había acostumbrado a decirlo, pero todavía cuando lo oía se ponía nerviosa.

- ¿Te puedo dar de nuevo las gracias?- le pregunto Alaya casi riendo.
- ¿Otra vez?- pregunta Justin negando con la cabeza.
- No me canso de dártelas- dijo Alaya sonriendo y mirándolo mientras comía.
- Pero que sea la última.

No iba a ser la última, Alaya se las iba a dar cada vez que pudiera, porque lo que él hizo no tiene precio.

- Gracias Justin, gracias por traerme a la vida (bring me to life)

Justin se levanto y se inclinó hacía Alaya, besando sus labios.

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