Me quedé hasta la tarde con Julie, hablando con ella de todo… Me contó cosas suyas y yo le conté toda la cita con Justin, como me lo había dicho y todo, ella me dijo: “Al parecer no es tan idiota” y le di la razón, Justin me había mostrado que no era como yo creía. Eran como las ocho y ya era de noche fuera, Julie me acompañó a mi cuarto.
- ¿Habéis hablado de su inmortalidad?
- No hay nada de lo que hablar- dije segura, pero entonces vi su cara- ¿no?
- Candy… No le puedes decir a Justin que estarás para siempre con él, ya que tu vas a envejecer y él no… Sé que tú quieres a alguien con quien envejecer, tener hijos y Justin no puede ser esa persona.
- Pero…
- No Candy, no quiero ser dura, no quiero romperte el corazón. Pero soy tu amiga y ¿crees que Justin te seguirá queriendo cuando tengas arrugas y él siga tendiendo 18 años?
Entonces la realidad me golpeó en la cara, no había pensó en eso… Claro que no, era feliz con Justin y creía que no podía pasar nada malo, pero eso era mentirme a mi misma.
- Jamás pensé en eso, todo iba bien…
- Y todo irá bien hasta unos años, pero luego no más. Y que ni se te ocurra aceptar que él te convierta, Candy, no dejes que eso pase. No quiero verte convertida en un vampiro. Quiero seguir viendo la sangre corriendo por tus venas.
- Yo no… no quiero, jamás había pensando en convertirme, no quiero beber sangre.
- Entonces no hay más Candy, Justin no va a poder ser más que un rollo de verano, solo eso.
Bajé mi cabeza, sentía el peso de la realidad sobre mis hombros.
- Gracias por decirme eso Julie, nadie se había atrevido a decírmelo.
- Por eso soy tu amiga.
Julie me abrazó y luego se despidió. Entré en mi habitación, me alegraba ver que no había nadie ya que me dejé caer sobre mi cama y empecé a llorar. No estaba llorando como un cachorro, estaba llorando con ganas, sentía como el llanto me rasgaba la garganta y era expulsado por mi boca. ¿Por qué nadie me lo había dicho antes… antes de que me enamorara tan fuertemente? ¿Por qué? Ahora era demasiado tarde, yo no quería que Justin solo fuera una cosa de verano, quería que lo fuera para siempre… Ya que no encontraría a nadie como él.
Había entrado Lucinda, escondí mi cara aun más en la almohada, no quería que ella me viera, no quería que nadie me viera así.
- Oh, Candy. ¿Qué te pasa?
- Nada- conseguí decir sin que mi voz se oyera rota.
- Es… ¿Es Justin?
- No.
Pero ella lo notó en mi voz.
- ¿Cómo puedo ser tan tonta? Claro que es Justin, siempre es Justin.
Saqué la cabeza de la almohada y me senté.
- No es él, soy yo… pero tiene que ver con él. Sois inmortales- le dije- No vais a morir y yo si.
- Candy…
- No pasa nada Luci, es algo que sabía… Pero que no quería admitir y hoy Julie me lo dijo. No hay más. Ahora déjame dormir, lo necesito.
Noté como Lucinda se levantaba de mi cama y se iba de la habitación, volví a poner sobre mi almohada mi cabeza. Cerré los ojos, pero fue lo peor que pude hacer.
Solo supe soñar conmigo de mayor, en un sueño estaba escondida tras un muro y vi a un chico joven, un chico que seguía resplandeciendo como cuando lo había conocido. Seguía siendo él, seguía siendo tan perfecto, normal, era Justin el chico vampiro. Estaba con una chica, la besaba y era feliz. Mientras que él seguía siendo aquel chico de 18 años, yo tenía 50.
Entonces me desperté sofocada, sudando y con ganas de llorar. Toqué mi cara y estaba mojada. Cuando mi vista se acostumbró a la oscuridad, distinguí a una mirada delante de mí. Era Justin.
- Decías mi nombre en sueños, bueno, más que sueños parecían pesadillas.
- Yo…
- Vamos fuera ¿de acuerdo?- dijo él levantándose.
Yo asentí con la cabeza y me levanté de la cama, pasando mis manos sobre mis mejillas quitando las lágrimas de ahí. Todo era de noche afuera, la oscuridad inundó la residencia. Justin no abrió la boca, no supe si estaba enfadado o molesto o… no sé. Delante de nosotros había una escalera, Justin empezó a subirla y yo le seguí, no sabía que había otra planta arriba.
La escalera se convirtió en una escalera de caracol y cuando la escalera acabó, había una pequeña habitación con sillas y cosas, pero Justin no paró. Fue hacía la otra punta y abrió la gran ventana que había. La cruzó. Yo me quedé quieta, sin saber que hacer, entonces Justin extendió su mano, era la primera vez que lo hacía esta noche. La cogí y me ayudó a cruzar, luego me soltó.
Estábamos en una parte plana del tejado, que nos se veía de ningún lado, miré por donde acabábamos de salir y era una torre. Justin me miró y luego se fue hacía un sofá que había, delante del sofá había una mesa y unos cuantos libros.
- Siempre vengo aquí por las noches, me relaja.
No me hablaba enfadado, estaba tranquilo.
- Justin ¿estas molesto por algo?
Él se sentó en el sofá y toco a su lado para que yo me sentara, eso hice.
- No, bueno… si. ¿Por qué no me contaste que algo te molestaba? Yo te confesé todo y tú… tú no.
- No me di cuenta de que algo me molestaba hasta hoy, todo iba bien pero… Pero de repente mi felicidad se calló. Vi la realidad Justin.
- ¿Qué realidad?
- Tú no vas a envejecer, al revés que yo. Seré vieja y tú seguirás siendo joven. Me dejarás de querer y yo jamás lo haré. Y no puedo, yo no puedo…
Me volvieron las ganas de llorar.
- No puedes ¿qué?
- No puedo convertirme Justin. No quiero ser un vampiro, quiero volverme vieja, ver crecer a mis hijos mientras yo envejezco- las lágrimas corrían por mis mejillas- Pero yo te quiero Justin y no creo que deje de hacerlo cuando se acabe el verano. Porque estoy enamorada de ti, pero joder ¿Por qué tienes que ser un vampiro?
- Para, para Candy, respira. ¿Crees que yo te pediría que te convirtieras? Jamás, jamás lo haría. No quiero que seas lo que yo soy, yo no tuve elección pero tu si tienes y no quiero que te equivoques.
- Te quiero Justin…- dije llorando.
Vi como brillaban los ojos de Justin y después me besó. Fue a mis labios como un animal iba a su presa. Sus manos fueron a mis mejillas.
- Yo también te quiero Candy, te quiero como jamás he querido a nadie y si pudiera hacer algo… algo para quitarme esta maldición lo haría, lo haría por ti, pero no se puede, soy así.
Yo volví a juntar nuestros labios, no aguantaba ni un segundo separada de sus labios. Me fui moviendo lentamente encima de sus piernas. Justin puso sus manos en mi espalda, moviéndolas, haciendo que mi camiseta de levantaba, yo jugaba con su cabello. Y como siempre, cuando estaba con él todo se iba. Me prometí a mi misma disfrutar de este verano, disfrutar de Justin y ser feliz con él.
- Tengo algo que contarte…- me dijo Justin, besándome.
- Dime.
- Si no te separas de mi no podre- él acercaba su cara a la mía para besarme.
Entonces avergonzada me senté a su lado.
- ¿Jamás te has preguntado porque te guste tan pronto? ¿Por qué sentías que el mundo se te caía a los pies el primer día que nos vimos en tu habitación?
- Si… Pero eso es porque eres perfecto.
- No, no es por eso. Aunque si que soy perfecto. Los vampiros… Tenemos un poder.
- ¡Como los Cullen! ¿Tú lees la mente? ¿O ves el futuro?
Justin empezó a reírse.
- Antes de enamorarme de ti tendría que haber averiguado que eras fan de Crepúsculo- dijo negando su cabeza mientras reía.
- Era broma… Me gusta Crepúsculo, pero no soy una fan- dije sonriendo- Venga, cuéntame.
- Los vampiros controlamos la mente de los humanos. Puedo hacer que me odien, que me quieran, que me deseen… Aunque a mi no me hace falta lo último, todo el mundo me desea- lo miré enfadada y sonrió- Candy, que yo no elegí ser tan perfecto, enserio- dijo como se sintiera ofendido-. Lo que estaba diciendo, entonces cuando te vi a ti, tan inocente, decidí usar mi poder para volverte loca. Jamás quise que te enamoraras de mí, solo quería que me desearas, pero se me fue un poco de las manos o eso creía yo… Pero cuando decidí dejar de usar mi poder ese día, pude notar por tu corazón que seguías sintiendo lo mismo que cuando yo te manejaba los sentimientos, solo que no con tanta intensidad. Entonces supe que te gustaba.
- Es decir… ¿Me enamoré gracias a tu poder?- le pregunté.
- No, te gustaba de antes, pero cuando pasó lo de ese día… aceleré el progreso de tus emociones. Es que fue un lio, te vi, me gustaste, quise usar mi poder y se me fue de las manos porque ya no pensaba en eso, pensaba en tu cara, en tu melena negra y en tus ojos verdes. Me quedé como un tonto observando tus perfecciones y cuando me quise dar cuenta… lo que yo estaba sintiendo se mezclo con lo que yo quería que tú sintieses. ¿Entiendes?
- Si… Es decir, ese día sentí lo que yo sentía, lo que tú querías que yo sintiese y lo que tú sentías. Normal que casi me desmayara- dije sonriendo- Justin… ¿entonces tú también te enamoraste cuando nos conocimos?
- Por supuesto, me llamaste la atención cuando nos chocamos en la entrada, revolucionaste mis sentimientos cuando te vi en la misma habitación y me enamoré cuando probé tu sangre y supe que sentías lo que yo sentía. Cuando supe que me querías, me enamoré de ti… Ya que no me querías como todas las demás, tu me querías de una forma especial, me mirabas con una mirada como nadie en todos mis años de vida me había mirado.
- Mi sangre te enamoró….
- No, no fue tu sangre, fue lo que sentí cuando la probé.
Miré a Justin, observé su perfección y sonreí, sentía cosquillas en mi barriga y de repente lo controlaba lo que dije.
- Lucinda me ha contado como tenéis sexo.
Justin evitó mi mirada y si pudiera sonrojase, supe que se hubiera sonrojado.
- Ah- fue lo único que supo decir.
- Y quiero, quiero hacerlo Justin.
- Candy…- me miró.
- Confió en ti Justin, sé que no me va a pasar nada.
- No quería decirte eso Justin… Los vampiros podemos beber sangre de dos formas diferentes… Solo dándole la importancia de comer o en cambio, si queremos, podemos sentir lo que la gente siente a través de su sangre. Cuando chupé tu sangre, no era para alimentarme, supe que lo sentías y tú… si llegamos a ese punto y tú pruebas mi sangre, sabrás lo que siento y sentí. Y te aviso que no es todo bonito. Además, estaremos conectados de por vida…
- Ahora lo quiero aun más.
- Candy…
- Justin, te quiero y si de esa forma estaremos más conectados estoy preparada, Justin… Quiero hacer el amor vampiro contigo.
- Oh, por favor- Justin echó su cabeza hacía atrás- Lo dices como si fuera una postura.
Me subí a las piernas de él, le besé el cuello. Estaba nerviosa, era virgen y le iba a dar lo más preciado que tenía a un vampiro, pero le quería y él me quería, eso era lo único que me importaba.
- Vamos Justin… sé que me deseas- le susurré al oído- sé que quieres mi sangre.
Entonces estiré mi cuello y pasé mi mano sobre él, Justin me miró y tuvo que tragar saliva, sus manos apretaron mi cintura y gemí. Pasé mis manos sobre su cabello y le besé en los labios, mordiendo uno de ellos. Entonces Justin me agarró fuertemente, desesperadamente.
- Vamos a mi habitación- me susurró.

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