Fuimos a la parte trasera de la residencia, donde había mesas de maderas. Julie estaba tranquila, totalmente lo opuesto a mí. Tenía una cosa más que añadir a lo de "Mi novio era un vampiro, al igual que mi compañera de habitación" y mi mejor amiga una bruja, a lo mejor aquella chica de cabello casi blanco que esta caminando por el pasillo de dentro de la residencia de mármol blanco es un unicornio, ¿Quién sabe? Todo es posible.
- Siéntate- me dije Julie.
Estuve a punto de no hacerlo, estaba nerviosa y sentarme haría que me pusiera peor, pero acabé sentándome enfrente suya. Ella me miró, pero no pudo soportar mi mirada nerviosa ni cinco segundos.
- ¿Por qué me lo ocultaste?- ya que ella no parecía dispuesta a hablar, empecé yo.
- No sabía como decírtelo y mis padres me dijeron que no te lo dijera, que te dejara vivir tu vida sin saber la existencia de todo este mundo paranormal.
- Pero eres mi mejor amiga… Es como si me ocultarás casi la mitad de tu vida.
- Y lo hice…- admitió- Cuando tú creías que yo iba a natación al terminar las clases, no era así, iba a casa de mi abuela a que me diera clase de magia. Nací así, mis padres lo son y mis abuelos, toda mi familia… Ya que no se nos permite casarnos con humanos.
- Entonces, todo lo que creía saber de ti ¿es mentira?
- No, no, no, soy lesbiana y mi color favorito es el azul. Todo es verdad. Jamás te mentí… solo que no te decía la verdad.
- Eso es mentir Julie.
- - ella expulsó aire- Perdóname Candy, yo no quería.
- Ya esta hecho Julie, eso no sirve de nada… Pero tendrás una historia, cuéntamela.
Ella bajó su cabeza y la subió, cogió aire y empezó su historia mirando al cielo azul con unas cuantas nubes blancas.
- Desde pequeña soy bruja, nací así... No es como los vampiros ni nada, mis padres lo son y yo soy así, no es algo que pudiera elegir. Mis padres de pequeña me decían que era especial, pero que no podía decírselo a nadie. Pero vamos, aunque lo dijera ¿Quién me iba a creer? Nadie iba a creer a una niña de cinco años que decía que podía mover las cosas.
- ¿Solo puedes mover las cosas?- supe que era una tontería pero me vino a la cabeza.
- No, no, no. Puedo hacer más cosas…- ella me miro y se mordió el labio inferior, luego giró su cabeza viendo si había alguien.
Levantó su mano derecha y me apunto con el dedo derecho, dijo unas palabras que no entendí. Después de unos segundos, bajó la mano y me sonrió.
- ¿Qué?- pregunté.
- Tu pelo.
Rápidamente me toqué el cabello, no estaba mojado, estaba como si acabara de salir de una peluquería: seco, peinado y liso. Además estaba sedoso.
- ¿Cómo….? Oh, Dios. Es alucinante.
- Lo sé…
- Jamás te secas el pelo- le dije todavía tocando mi cabello.
- Jamás, además, así no me estropeo el pelo.
Tuve que reír un poco, porque me había hecho gracia, pero luego volví a ponerme seria.
- Sigue con la historia.
- Cuando crecí y cumplí mis 10 años, mis padres me contaron que era una bruja, que por eso era especial, que podía hacer, ver y sentir cosas que los demás no podían. Me dijeron que tenía que mudarme a un internado de brujas, para aprender cosas, para saber controlar mis poderes y como poder utilizarlos. No supe que decirles, tenía 10 años y lo único en lo que pensaba era que quería estar con mis padres. Ellos notaron mi cara y me dijeron que no me iban a forzar, que me dejarían unos años más… Tres años, a los 13 años me lo volverían a decir. Entonces ese verano te conocí a ti, sabes que mi familia participa en la feria, es una caseta para leerte la mano y cosas de esas. Cuando te conocí a ti, fue lo mejor que me pasó, estaba feliz contigo y podía ser yo misma, ya que me había criado entre brujos y mi parte de humana estaba desapareciendo. Entonces me negué, no quería ir a la escuela de brujos, les dije que iría a casa de la abuela para estudiar allí. Ellos aceptaron, pero me hicieron prometerle que no le diría a nadie quien era.
- ¿Te quedaste por mi?
- Por ti haría de todo Candy, eres mi mejor amiga y siempre lo serás. Me dolía no decírtelo, pero se lo había prometido a mis padres. Por favor Candy, que no cambie nada entre nosotros, no quiero perderte.
Miré a mi amiga a los ojos, estaban brillosos y amenazaban con derramar lágrimas, entonces le levanté, fui hacia Julie, lancé mis brazos hacía ella y la abrace.
- No me va a perder cielo, eres mi mejor amiga- puse mi cabeza en su cuello, ella retenía las lágrimas- Venga, no llores.
Ella se apartó de mi , tenía los ojos cerrados y cuando los abrió no había pruebas de que hubiera llorado, el maquillaje estaba perfecto y no tenía los ojos rojos.
- ¿Pero que mier…? Jo, no vale, yo también quiero.
Entonces las dos reímos, como siempre.
- Son cosas buenas que tenemos…
- ¿Hay más brujas aquí?- le pregunté mientras miraba a mi alrededor y me senté a su lado.
- Claro, muchas más.
- ¡Venga ya! A ver si al final voy a ser yo la única humana aquí.
- -ella sonrió- No, no lo eres.
- ¿Y como supiste que Justin y Lucinda eran vampiros?
- Huelen a muerte…- vio mi cara y sonrió- No es que huelan a muertos, es raro… Puedo notar su inmortalidad.- ella se encogió de hombros.
- ¿Y como reconoces a las brujas?
- Mira- ella apartó el cabello de su oreja izquierda, entonces pude ver una marca negra, justo detrás de la oreja arriba, en su cabeza. Era como unos fuegos artificiales en negro, de un punto salían pequeñas líneas para cualquier lado, era como un tatuaje, pero entonces supe que era una marca de brujas-. Los tenemos todos los brujos, no hay un lugar exacto, hay gente que la tiene en la muñeca, en el bazo, en el tobillo, en la barriga. Yo me alegro de tenerlo ahí y que sea tan chico.
- Es bonito, parece un tatuaje- dije sonriendo.
Ella dejó caer de nuevo su cabello, me miró y sonrió sin enseñarme los dientes.
- No estés mal, Julie, sé que si por ti hubiera sido, me lo hubieras contado nada más que nos hubiéramos conocido.
Ella asintió con la cabeza, luego su cara cambió, sonrió picara.
- Ahora dime, como te fue con Justin- subió una de sus cejas.
Entonces reí, soltando todo lo que tenía dentro, relajándome.
- Es perfecto, es- suspiré- es mi novio… y lo quiero.
- Es un vampiro- me recordó ella.
- Lo sé.
- Es inmortal, bebe sangre.
- Lo sé, lo sé.
- Le haces feliz y… ¿te hace feliz?
- Mucho.
- Entonces listo, no voy a decir nada más, espero que seas feliz con él cielo.
La volví a abrazar, supe que no le gustaba que su mejor amiga saliera con un vampiro, pero no había nada que hacer. Yo no elijo quien me roba el corazón.

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