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Capítulo 24

Al día siguiente cuando fuimos a ducharnos Lucinda y yo, no podía dejar de mirar a la gente que me rodeaba preguntándome si también eran vampiros. Luci lo había notado y se había reído. Las duchas eran independientes, cada una tenía una cortina para tapar la ducha de un blanco opaco. La ducha me sentó mejor que nada, fue como si se aclarara todo, como si ese nudo que tenía en mi mente se hubiera desecho.

Mi novio era un vampiro, al igual que mi compañera de habitación.

¿Quién no ha soñado alguna vez con conocer alguien así, o a un hombre lobo, un hada o a una bruja?. Yo por lo menos, me pasaba las tardes cuando era pequeña soñando con esas cosas, pero jamás pensé que pudieran suceder. Lucinda y yo salimos a la vez de la ducha. Lucinda tenía su cuerpo cubierto por una toalla blanca, igual que yo, pero aun así… Pude ver como era perfecta, largas y blancas piernas, delgada y una cara de muñeca. Me pude avergonzar un poco de mi cuerpo, pero ella era una vampira, no podía hacer nada contra eso. Lucinda miró que no hubiera nadie en el baño y luego habló.

- Todavía me sorprende que no lo supieras de antes.
- A mi no, es decir… Jamás pensé que podíais ser algo sobre natural.
- Ya… pero, ¿tú amiga no te lo dijo?
- ¿Quién?
- Creo que era… ¿Julie? Si, ella.

Por unos segundos me quedé en blanco, ¿por qué iba ella a saber eso?

- Julie no sabe nada.
- Claro que lo sabe- Lucinda con una toalla removió su cabello pelirrojo- Las brujas detectan a los vampiros, igual que nosotros las notamos.
- ¿Bruja? – me empecé a reír- Venga ya.

Lucinda me miró y maldecía en susurros.

- No me digas que ella no te había dicho que… Soy una bocaza.
- Julie… Mi mejor amiga es una… ¿bruja? ¿Las brujas existen? Eso es imposible.
- Candy… Soy un vampiro, algo que para ti días atrás era algo imposible.
- Pero es que…- me agarré al lavamanos que tenía delante- Julie es tan normal, no puede ser.
- Claro que es normal, a ella no le salen colmillos ni bebe sangre, ella hace conjuros y cosas variadas… No sé mucho de las brujas.

Cogí aire y fui al vestidor, para ponerme la ropa que me había traído. Me había sorprendido, claro esta, pero me había dolido… Me había dolido que no me lo dijese antes, que no confiara en mi tanto como para decirme que es una bruja, yo creía que no había secretos entre nosotras, al parecer me equivocaba.

Cuando salí vestida y con mi melena oscura como la noche mojada, Lucinda ya estaba impecable esperándome. 

- Creo que tengo que ir a hablar con Julie.
- Dile que yo creía que se lo habías dicho… No quiero peleas entre brujas y vampiros este año.
- Descuida, no te voy a meter en problemas. Me ha defraudado mucho, yo creía que…

No pude más, estaba a punto de llorar. Todo el mundo me ocultaba algo y estaba harta, ¿acaso no podían confiar en mí? Abrí la puerta del servicio de chicas de un golpe, enfadada. Vi una imagen borrosa y luego noté como me abrazaban por la cintura. 

- Lucinda, ¿qué le has hecho ya?- dijo Justin en mi oído-. Si es que sabía que los celos iban a salir cuando menos me lo esperase.

Lucinda estaba en la puerta, cruzada de brazos negando con la cabeza.

- Se acaba de enterar de que su amiga es una bruja.
- Mira que no te podías callar la boca- Justin me besó el cuello, en sus brazos todo mi enfado se había esfumado.
- Yo creía que ella lo sabía… No es mi culpa.
- No lo es, tranquila- le dije a Lucinda- Buenos días- dije doblando mi cabeza para encontrarme con los labios de Justin.

Fue un beso dulce y lento, me encantó. Me había olvidado por completo de qué iba a hacer, con Justin todo eran alegrías. Me giré completamente para estar enfrente de Justin, cara a cara. Él puso una de sus manos en mi cintura, tocando el polito blanco que me acababa de poner, con su otra mano toco mi cabellera todavía mojada, se me había olvidado secármela. Yo cruce mis manos en su nuca.

- Sabéis que existen cuartos y eso ¿no? Por favor… Todo el mundo os esta mirando- escuché decir a Lucinda.

Agache mi cabeza avergonzada, fui a apartarme, pero Justin puso sus manos en mi trasero atrayéndome a él.

- Pues que miren. Tú, si tú, ¿qué miras tanto? Lo siento, pero ella es mía.

Yo tuve que esconder mi cara en el pecho de Justin para que nadie viera lo roja que estaba.

- Justin, Justin- dijo Lucinda.

Yo aparté mi cabeza de su pecho y lo miré.

- Tengo que hacer una cosa.
- A ver si lo adivino, ¿hablar con Julie?

Yo asentí con la cabeza.

- No sé porque me lo ocultó… Yo le contaba todo.
- ¿Le has dicho que soy un vampiro?
- No, pero… porque… - me callé- Luego nos vemos. Adiós Luci.

Ella se despidió con una sonrisa y se fue junto a Justin. Yo me iba a secar mi cabello, pero pasé de ello, tenía cosas más importantes que hacer. Cruce la residencia hasta llegar a el comedor, donde supuse que estaba Julie… No me equivocaba, allí estaba ella junto a su compañera de habitación, las dos reis inocentes. Cuando llegué a la mesa, puse mis dos manos sobre ella.

- Hola- dije seria, pero sonriendo- ¿Podemos hablar?- dije mirando a Julie.
- Habla- dijo ella animada.
- A sola…. Lo siendo Melinda, no es por nada.
- Ah, no te preocupes Candy, lo entiendo. Luego nos vemos Ju.

Melinda se levantó, llevándose su bandeja con ella y yo me senté en su sitio.

- ¿Ju?- le pregunte.

Julia se encogió de hombros.

- ¿Qué pasa? ¿A qué viene esa seriedad? Ah, lo sé, lo siento, no te he preguntado como te fue con Justin… Iba a ir ahora a tu habitación.
- No es eso Julie.
- ¿Entonces que es?

Miré a mí alrededor, nadie nos miraba, cada uno estaba atento a sus cosas.

- ¿Cuándo me ibas a decir que eres una bruja? ¿Qué estabas esperando a mi cumpleaños para que cuando me dieras el regalo me dijeras: “Ey Candy, felicidades, por cierto soy una bruja”?

Julie me miró, ni ella misma sabía que cara poner.

- ¿Quién te lo ha dicho?
- Eso no importa Julie, la cosa es que creía que nos contábamos todo… Pero al parecer si tuviste tiempo para decirme que eras lesbiana pero no para decirme que haces magia.
- No es tan fácil Candy, yo…
- Cuéntamelo todo o no podré volver a confiar en ti… Julie, no de la misma forma que antes.
- Ven conmigo- dijo mientras me extendía la mano.

La miré y negué su mano, le levanté, la acompañé a que dejara la bandeja y luego salimos del comedor.

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