Search

Content

Capítulo 25

Justin estaba en el suelo y yo encima de él, cogí su cabeza entre mis manos, estaba feliz, una de las causas por las que me autolesionaba cada noche era por aquel asesinato. Justin me sonrió y le besé. Le besé como nunca había besado a nadie, con todo los sentimientos que sentía, no sé cuales son, pero sé que son muchos. Justin se agarró a mi cadera. Cuando nuestros pulmones no dieron más de si, escondí la cabeza en su hombro. Estaba apunto de llorar de alegría, Justin me acarició el cabello.

- Me alegro, cielo, me alegro.
- No lo maté- dije ya entre lágrimas.
- ¿Y qué paso?- dijo él.

Me quite de encima suya, aunque me encantaba el calor que me proporcionaba, cogí la hoja, lo leí de nuevo, entonces miré a Justin.

- Pone que se encontró un hombre fallecido por un disparo, era uno de los ladrones más buscados, acababa de atracar un banco, se llevo un disparo de un policía. Ando unas manzanas más escondiéndose detrás del bar donde yo estaba. Luego me encontraron a mi con sangre del hombre, se supone que lo ayudé y él hombre me lo recompensó agarrándome del cuello- toqué mi cuello instintivamente, ahora me acuerdo, también tenía sangre ahí- Yo lo empujé instintivamente y la cabeza del hombre chocó contra un muro, eso no provocó su muerte, se quedo inconsciente y se fue desangrando poco a poco, una mujer que andaba llamó a la ambulancia cuando vio al hombre en el suelo rodeado de sangre. Yo me escondí cuando llegó la ambulancia, pero la policía me encontró, estaba borracha y por eso me acuerdo de pequeños trozos. 
- Me alegro cielo…- dice Justin acariciando mi cara.
- Pero…- bajé mi mirada y la subí- Cuando Johanna me recogió, se lo tuvieron que contar ¿Por qué ella siempre me recordaba que yo había matado a alguien si no era así?
- Esa mujer no este bien de la cabeza, tan solo te quiere ver sufrir y si eso significa hacerte creer que mataste a alguien, lo hace. Merece la muerte.
- - suspiré, me relajé y me levante- Vámonos Justin, no me quiero meter en líos.

Justin se levantó, me cogió de la mano. Mi cabeza estaba baja, mi madre no tenía corazón y aun me sorprende de las cosas que hace para hacerme sufrir. Nada más que salimos del despacho no chocamos con una mujer, mierda.

- ¿Hijo?- dijo la mujer.

Levante mi cabeza y vi a Pattie. Justin sonrió.

-Anda, vámonos- dice Pattie negando con la cabeza.

Y en un pestañeo, me encontraba en el coche de Pattie, miré por la ventana, Justin me agarraba la mano. Viví engañada, viví creyendo que había matado a alguien, viví creyendo que yo era una asesina.

- No te comas la cabeza- me susurra Justin.

No le pude hablar, siento que si habló lloraré y no pararé. Pattie paró en la puerta de su casa, Justin y yo nos bajamos.

- Hijo, tengo que ir a un lado, ahora vuelvo ¿vale?- dijo Pattie.
- Si, mamá.

El coche se fue, yo fui hacia Justin. Él vio mi cara y me abrazo, yo no pude más y lloré en sus brazos, me sentía tan impotente.

- Nos vemos mañana- le dije.

Pero él no me soltaba.

- No te vas a ningún lado, no voy a permitir que vivas en la misma casa que esa loca.
- Justin… No pongas las cosas más difíciles. 
- No las pongas tú, ahora vas a venir a mi casa y vas a pasar la noche allí. 
- Justin no pue- No pude seguir, mis labios estaban ocupados por Justin.

Cuando se alejó, sonreí. 

- Vale- dije ruborizada.

Justin me agarro de la mano y me acompaño dentro de su casa. 

- Sube arriba, yo ahora voy- me dijo sonriendo.

Yo conozco esa sonrisa, todos los chicos dicen la misma frase con la misma sonrisa. La verdad es que hoy ha habido mucha tensión entre nosotros. Pero me esperaba algo diferente. De todas formas le hice caso. Dejé a Justin en la planta de abajo y subí arriba, la puerta del cuarto de Justin estaba cerrada, al abrirla estaba todo a oscuras, cuando encendí una luz había una caja en la cama de Justin, era muy grande y había un papel encima, quizás era un regalo de Pattie para su hijo. Yo muy cotilla, leí la carta.

Alaya.

Esto de aquí es para ti, solo para ti.

Justin.


Aparté la carta asombrada, abrí la caja y dentro había un vestido verde esmeralda, como mis ojos. Tenía la boca abierta como una “O”, no me lo creía. Cogí el vestido por los hombros y lo saqué de la caja, brillaba, oh, si que brillaba. Era largo, estrecho por arriba y ancho por abajo, como los vestidos de las princesas, escote con forma de corazón sin tirantas, la parte de arriba eran como dobladillos de una tela lacia y suave también verde esmeralda. En la cintura, tenía un fajín de un verde esmeralda más oscuro, con pequeñas piedras que brillaban, luego la parte de abajo era como si fuera un tutu. 

Era el vestido más hermoso que había visto en mi vida. Me coloqué en el espejo de cuerpo entero del cuarto de Justin y puse el vestido encima de mía. No, no lo puedo aceptar, es demasiado para mi. Apreté el vestido a mi cuerpo y di una vuelta, me sentí como una princesa. Oí como caía un papel, lo recogí.

Si, si lo puedes aceptar, es un regalo.

Sonreí, como me conocía. No me lo pensé dos veces, abajo me esperaba mi príncipe. Me quité la ropa y el sujetador, ya que tenía tirantas y quedaría feo. Me tape mis pechos y fui a por un peine y pintura, peine mi largo cabello castaño y pinte mi cara, parecía una muñeca, mi cuerpo pequeño y blanco. Me coloqué el vestido empezando por los pies que tenía descalzos. Eché mi cabello para delante, no llegaba a abrocharme el vestido, no podía subir la cremallera. Me miré al espejo y entonces vi a Justin detrás de mí. Apartó mi cabello de mi hombro derecho y lo beso, sus labios calientes tocaron mi piel fría, luego subía la cremallera lentamente.

- Te espero abajo, princesa- me susurro al oído.

Y desapareció del cuarto, el corazón me latía demasiado fuerte. Me miré al espejo, el color vede destacaba en mi piel, estaba….Guapa. Peiné por última vez mi cabello y salí de su cuarto descalza, cómoda. Pude mirar a Justin fijamente, llevaba un esmoquin negro con unas zapatillas deportivas negras. Tenía el cabello un poco para arriba y para el lado, sonreía y su sonrisa era como un rayo de luz. Tenía miedo y vergüenza, él era demasiada belleza para mí. Le brillaban los ojos, mis mejillas estaban rojas, él subió unos escalones y me ayudó a bajar la escalera. Tan solo quedaban unos escalones, me cogió de la cintura y me bajo dando unas vueltas en el aire, la mejor sensación de la vida.

Al terminar, toque el suelo con mis pies y lo miré más de cerca, los dos sonreímos como unos tontos, pero no me importaba. Entonces me beso, creo que era el mejor beso que me habían dado y yo también puse todo de mi parte. No fue un beso de esos en los que tu dices “acabamos en la cama” no, era un beso de esos que tu dices “ahora me da un ramo de flores y me pide compromiso” El beso acabó en una sonrisa, juntamos nuestras frentes.

- ¿Qué sientes, Alaya?- me preguntó.
- No sé- le contesté.

No me había parado a preguntar. Había entrado tan rápido a mi vida, me había echo sentir de todo, pero ahora ¿qué siento? ¿Qué siento cuando lo miro a los ojos? ¿Qué significa esas mariposas en la barriga? ¿Qué significa que quiera besarlo cada vez que lo veo?

- ¿Quieres que te diga lo que yo siento?- me dice llevando al centro del salón.
- Si, por favor- le digo.
- Siento todo, siento rabia cuando haces algo que te daña y no te puedo salvar, siento alivio cuando sonríes. Pero siempre, siempre siento amor. Te quiero Alaya y lo supe hace mucho tiempo.
- Tan solo me conoces de hace poco- dije sonriendo.
- Ya…- dice el mirando al suelo.
- ¿Y como sabes que me quieres?- pregunté,haber si así me ayudaba a saber lo que yo sentía.
- Porqué me hace feliz cuando sonríes, porque me encanta tu forma de ser, porque tus labios me llaman a gritos, porque si no estas a mi lado te echo de menos, porque puedo hacer cualquier cosa para que te sientas bien. Porque siento mariposas en la barriga, porque se me ata un nudo en el cuello cuando te veo con otro… Y muchas cosas más que no sé como explicártelas, tan solo sé que te quiero y que no te quiero dejar ir.

Le di un pequeño beso.

- Entonces…- dije mirándole a los ojos feliz- Creo que también te quiero.
- Gracias.

Nos volvimos a besar, él se separó, yo no quería, pero me tuve que aguantar.

- La cena se enfría.

Me acompañó hasta una mesa, con dos platos llenos, dos copas, una botella de vino, una gran vela en el centro de la mesa y lo más impresionante, la mesa estaba dentro de un circulo de luces de esas que se usan en navidad, que son pequeñas. El círculo se abría por un lado, por donde me llevo Justin. Me ayudó a sentarme como un caballero, como él era. Justin se sentó enfrente, puso los codos en la mesa y me miró, yo le miré, nos reímos al mismo tiempo.

- Esto es muy raro.
- Pero ¿te gusta?- me dijo separándose.
- Claro, no he dicho que no me gustase, me encanta, nunca había tenido una cena así.
- Y esto es solo el principio- me dijo él, echándome vino en la copa.

Vino, nunca lo había bebido, era demasiado caro. Justin se echó a él y levantó su copa.

- Brindemos por nosotros- dijo.

Subí mi copa y la puse delante de la suya.

- Que lo nuestro sea un para siempre de verdad- dije, sonrojada.

La cara de Justin era como se hubiera atragantado, tragó saliva y me sonrió.

- Que seas feliz.

Y chocamos nuestras copas, bebí lo que había en mi copa sin dejar de mirarle, él me sonreía, pero había algo que no me había contado, algo que me guardaba.

- Levanta la tapa y a comer- me dijo.

La levanté y la puse a mi lado. Había un filete con una deliciosa salsa por encima y una guarnición de verduras al lado.

- Que rico- dije- Pero es mucho, Justin- dije haciendo una mueca.
- Alaya…- me susurró.
- He desayunado mucho, no puedo más- dije- Si no, me va a explotar la barriga.
- Come o te daré de comer- me dice sonriendo.

Entonces decido comer por mi sola. La cena fluye despacio y así lo deseo, es un momento demasiado bonito, no lo olvidaré en mi vida, jamás. La luz de las velas se refleja en la cara de Justin, su sonrisa brilla más y es más bonita. Sus ojos color miel me han cautivado, pienso en lo sucedido hace poco, le dije que le quería ¿Cómo qué lo quiero? Si nunca me ha pasado, nunca, nunca había sentido por un chico algo que no fuera sexo. Yo no quiero Justin para acostarme con él, lo quiero para darle amor y que él me lo de a mi. Entonces, me preparo mentalmente para lo que viene ahora.

- Te quiero- le dije sin poder mirarle a los ojos, rápido y en un susurro pero el me entiende.
- Y yo a ti, Alaya, mucho.

0 opiniones:

Publicar un comentario

Con la tecnología de Blogger.

Something