Ninguno teníamos ganas de ir de nuevo a la residencia, nos encontrábamos de nuevo en el mantel de cuadros rodeados de velas, algunas ya apagadas por la poca brisa que corría y hacía sonar las ramas de los árboles. Yo me encontraba tumbada y Justin a mi lado sentado, tirando pequeñas piedrecitas que encontraba a nuestro alrededor al río.
Observé detenidamente su perfil, tenía la barbilla levantada y los labios relajados, una de sus manos estaba sobre mi cabeza y la otra tiraba piedras. Vino una brisa más fría de lo normal y mi cuerpo se estremeció, Justin giró su cabeza para mirarme.
- Estoy bien- dije antes de que pudiera decir algo.
- ¿Quieres mi jersey?
- Pero vas a tener fri…- me callé y me toqué la frente con los dedos de mi mano derecha- Cierto, los vampiros no tienen frío.
Justin sonrió de lado y llevó sus manos al filo de su jersey para quitárselo. Empezó a quitárselo, dejando a la vista parte de su torso y luego todo su pecho, me tuve que morder el labio para no expulsar un gemido al ver su cuerpo perfecto bajo la luz de las velas.
- Aun que no es justo que yo me quite ropa y tú te pongas más- dijo sonriendo y elevando una de sus cejas, luego me lo tiró a la cabeza- Anda póntelo no vaya a ser que te resfríes.
Yo me senté y me puse con cuidado el jersey de Justin, mientras me lo ponía aproveche para oler ese aroma de perfume mezclado con cigarros, que extrañamente quedaba perfecto. Cuando logré ponérmelo pasé la mano sobre mi cola y la saqué. Justin se había echado un poco hacía atrás, apoyando las palmas de sus manos en el mantel para no tumbarse del todo. Lo había hecho para provocar, que lo sé yo. Desde donde yo estaba podía ver perfectamente sus abdominales delicadamente marcados, su pecho blanco y perfecto. Ahora me empezaba a sobrar la ropa.
- Por favor, los adolescentes de ahora solo sabéis pensar en una cosa, ¡eh!- dijo Justin medio riéndose.
Yo me sonroje, doble mi cabeza y jugueteé con uno de los mechones que quedaban fuera de mi coleta. De repente sentí como si me empujaran y cuando me quise dar cuenta, Justin estaba sobre mí, con una mano en el mantel para no poner todo su peso sobre mí. Fue directamente a mi mandíbula y me dio pequeños besos.
- ¿Y los vampiros no?- dije riéndome.
Justin puso su cara sobre mi y pude ver como había puesto cara de enfadado con el ceño fruncido. Puso sus rodillas a cada lado de mi cintura y con sus manos me agarro mis muñecas y la puso sobre el mantel a la altura de mi cabeza. Apoyó su frente sobre la mía y sonrió. Besó mi nariz y luego bajo a mi boca, yo subí mi cabeza para acercar mis labios más.
Justin se dejó llevar y soltó mis manos, yo logré incorporarme y agarrarle la cabeza a Justin, este se sentó en el mantel y yo me coloqué encima de sus piernas. Justin me arrancó la gomilla que agarraba mi cabello y noté como volvía a estar suelto.
- Mucho mejor- me susurró sonriendo.
Yo solo le sonreí y seguí besándole. Movíamos nuestros cuerpos como si tuviéramos convulsiones, pero no era eso, es solo que intentábamos estar lo más cerca posible lo uno del otro. Los besos habían aumentado de nivel, ya no eran besos simples, se escuchaban gemidos y Justin tenía apoyada una mano en mi cintura por dentro de mis capas de ropa.
Yo moví mi cintura para acercarme más a Justin, esté tragó saliva y yo lo besé con más brusquedad, es que joder, besaba tan bien. Me desvié de su boca y fui a su oreja, mordiendo el lóbulo y luego bajé para su mandíbula, terminando en su cuello pegando un pequeño mordisco él rió y luego gimió.
Ya que notaba que Justin no me quitaba ninguna camiseta, decidí hacerlo yo, fui a quitarme su jersey que aparte ya me empezaba a sobrar, pero sus manos me detuvieron. Lo miré a los ojos dudosos, Justin tenía su pelo revuelto y estaba sofocado por mi culpa, aunque no sé si los vampiros puedes estar sofocados.
- ¿Por qué no?- dije susurrándole en los labios.
- Me da cosa hablar contigo sobre este tema- rio adorablemente en mis labios- dile a Lucinda que te cuente.
- Pero…
Justin subió uno de sus dedos y lo puso en mis labios, callándome.
- Vayamos ya a la residencia, hemos estado mucho tiempo solos, Lucinda y los demás estarán preocupados.
- ¿Los demás?- pregunte, intentando que mi excitación bajara.
- Tuve que hablar con los vampiros más adultos y cercanos a mi para preguntar si te lo podía decir.
- ¿Qué te dijeron?
Justin se levantó y me tendió la mano, yo se la agarré.
- Que si yo creía que era lo correcto que lo hiciera, pero que si pasa algo que no les gusta, me meten en una hoguera- Justin la ver mi cara de pánico se rió- No me han dicho eso, pero mejor no tentemos a la suerte.
Justin fue apagando una a una todas las velas que rodeaban el mantel, mientras yo lo doblaba. Cuando ya no quedó ni una vela encendida, la noche me consumió y me cegó.
- ¿Justin? ¿Dónde estas? No veo nada.
No escuchaba nada, temía que Justin se hubiera ido creyendo que iba con él, no me gustaba la oscuridad y menos si estaba sola. Me empecé a poner nerviosa, pero unas manos me agarraron por atrás.
- Aquí estoy cielo, jamás te dejaría sola- dijo en mi oído besando mi cuello.
- Lo he pasado fatal.
- Lo he notado- noté una mano de Justin justo donde mi corazón latía fuertemente.
Yo sonreí y volví a notar como Justin me elevaba del suelo. Volví a enrollar su cuello con mis manos y apoyé mi cabeza en su pecho, ahora me di cuenta de que nada latí ahí dentro, que el corazón de Justin estaba parado, por un momento me asusto, pero me tranquilicé, me tenía que acostumbrar a tantas cosas.
Volvió a correr, hasta por un momento sentí que volábamos, pero no, sentía las piernas de Justin tocar el suelo lleno de hojas e hiervas. No sé en que momento pasó, pero mis ojos empezaron a cerrarse cada vez más, hasta que se cerraron por completo y me dormí en los brazos de Justin.
- Shh, esta dormida- escuché una voz a lo lejos.
- Dámela.
Noté como mi cuerpo se movía y pasaba a otro lado, rápidamente me volví a acurrucar en otros brazos.
- ¿Todo bien?- escuché la voz de una mujer, no oí respuestas pero la mujer siguió- Me alegro, por una vez no la has cagado.
- Déjala en la cama que duerma… Mañana me pasaré.
- No, no, joder, ahora te tendré más por aquí.
- No te quejes que sé que te encanta.
- Vete.
- Adiós.
Hubo un segundo que hizo que me volviera a quedar más dormida, pero luego una puerta se cerró. Sentí algo blando debajo de mi cuerpo, era mi cama, me taparon con algo y volví a dormirme.

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