Search

Content

Capítulo 16

NARRA CANDY.

Estuve todo el día en mi habitación, Lucinda no me dejo salir, me dormí de aburrimiento. Julie se enteró de lo sucedido y me ha visitado esta mañana, me contó que se había besado con una chica y que había quedado con ella, también me dijo que ya había hablado con un adulto por lo del bosque, que no me preocupara. Luego se fue.

- No quiero ser cotilla- empezó Lucinda- Pero ¿qué es lo del bosque?
- El día de la fiesta, por la mañana, Julie y yo fuimos al bosque… Allí encontramos a tres conejos desangrados y algo nos perseguía.

Lucinda me miraba, intentando descifrar si mentía, pero no lo hacía… Con Lucinda se me hacía difícil mentir, esta tan en alerta que sabía que me descubriría. 

- ¿Nada más? ¿No viste a nadie?
- No, luego nos fuimos corriendo y… ¿por qué tiene que ser alguien? Yo creo que es un animal que se ha colado en la residencia. 
- Si, si, claro… Un animal. Candy, tengo que ir a buscar a Michael, ahora vuelvo.
- Vale- dije sonriendo.

Bajé los hombros y suspiré, aquí pasaba algo, vale que yo no fuera la más lista de todos… Pero tampoco soy la más tonta. Bebí de mi zumo de naranja natural que me había traído Lucinda, tenía tres cubitos de hielos, que al chocar contra mis encías me provocaron un escalofrío. 

- Toc, toc ¿se puede?

La voz me asusto y pegué un salto, se me cayó un poco de zumo en las sabanas, puse la mano intentando… no sé… no sé que intentaba. Miré a la puerta y los ojos azules de Rubén me miraban. 

- Perdona, no quería asustarte.
- No pasa nada… Estaba en mi mundo y no me lo esperaba. Pasa, pasa.

Busqué papel y puse unas servilletas sobre la mancha.

- ¿Cómo estas enfermita? ¿Mejor del golpe?

Todo el mundo creía que de lo borracha que estaba me había golpeado con un árbol y quizás fuera verdad, ya que yo realmente no sé porque me desmayé, una cuando esta borracha no se desmaya si no que se desnuda ¿no? Eso pienso yo.

- Si, mejor, ya no me duele nada, pero Lucinda me tiene aquí encerrada- sonreí tiernamente mientras me encogía de hombros.
- Eso no esta bien. Venga, vístete, vayamos a que te de el aire- dijo Rubén sonriéndome.
- Pero es que…
- Vamos, así volvemos antes de que llegue Lucinda.
- Vale.

Me levante rápido de la cama y fui a mi ropero, saqué unos shorts una camiseta blanca de tirantes que tenía una calavera en medio negra y unas vans. Entonces me percaté en Rubén.

- ¿Me esperas afuera? Ahora salgo.
- Eh, si, perdona.

Rubén se levanto de mi cama y salió de mi cuarto, noté como se apoyó en la pared. Rápidamente me quité este pijama que creo que si me lo dejara puesto por unos días más, ya formaría a ser parte de mi piel. Me cambié de ropa interior y me puse el conjunto que había sacado. Peiné como pude mi melena negra y salí de la habitación.

- ¿Dónde me vas a llevar?- dije saliendo.
- No sé ¿Dónde quieres que te lleve?

Rubén pasó su brazo por mis hombros atrayéndome a él. Me caía bien Rubén, pero había gestos que no me gustaban, aun así, era como los chicos que yo conocía… No como los raros de aquí.

- No sé, no me he movido mucho por la residencia.
- ¿Has ido al cine?
- ¿Hay un cine?
- No, pero yo lo construyo por ti- al ver la cara que se me quedo se empezó a reír- Claro que hay uno. Vamos.

Me reí por unos segundos, pero se me quitó la risa cuando oí como se caía algo detrás de nosotros. Giré mi cabeza pero no vi nada, ya tenía hasta alucinaciones.

Resultaba que si había un cine. Estaba en ala derecha de la residencia, aquella que nunca había visitado. Era un cine como los de mi barrio, con su puesto para recoger las entradas (ya que aquí no se pagaba), un sitio para coger palomitas y bebidas. El suelo era de una moqueta roja, se notaba blandito y era fácil para caminar, las paredes eran de trozos de maderas del suelo al techo. El puesto de las palomitas y de las entradas estaban adornados con cosas de oro falso, le daba un toque muy antiguo que me gustaba. 

Entramos en la sala de cine, las butacas eran azules y en el respaldo en un círculo blanco ponía el número. Estábamos en el medio de la sala. Rubén me llevó a los asientos y nos sentamos. La sala se empezó a llenar, pero cuando la película empezó la sala estaba medio bacía. No conocía la película y debía de ser antigua ya que la calidad no era demasiado buena.

Rubén y yo compartíamos un bol grande de palomitas, así que algunas veces nuestras manos se rozaban. Me resultó extraño que aunque su piel se mostraba algo tostada, su tacto era frío… Creía que iba a ser algo más caliente, pero ya veo que no era así.

- ¿Te gusta la película?- me dijo.

En la oscuridad era difícil definir su cara, pero creo que le estaba mirando a los ojos.

- No esta mal…
- No eres muy de películas ¿no?
- La verdad es que no…- sonreí.

Escuchamos unos “shh” por la sala, así que nos callamos y miramos la pantalla. Rubén utilizó el típico gesto del bostezo para colocar su brazo y rodearme, no me negué, era lo más emocionante que estaba pasando en la sala, ya que por la película me hubiera dormido si no hubiera estado Rubén.

Apoyé mi cabeza en su hombro, lo que a él le gusto… Quizás Rubén podía ser mi primer ligue de verano… Justin no contaba, él…él es Justin. Levanté mi cabeza para besarle, nunca besaba yo primero, pero si él no se lanzaba, tendría que ser yo. Rubén por fin pilló que quería hacer yo, así que giro su cabeza mirándome. Me acerqué más para besarle pero algo paso.

De repente entre nosotros dos había unas zapatillas, si, unas zapatillas, miré para ver de donde venían y lo vi. Me entraron ganas de tirarme de lo pelos y de matarlo. Justin estaba estirado en su asiento y había colocado sus deportivas en medio de nosotros, evitando un beso.

- ¿Qué mierda haces?- dije empezando cabreándome.
- Candy, por favor, cállate que no oigo la película- dijo Justin como si nada, mirando a la pantalla.
- ¿Puedes quitar las zapatillas?- pregunte susurrando.
- No, estoy cómodo así.
- Pero yo no.
- ¿Y?- cruzó sus manos detrás de su cabeza.

Mis manos se hicieron dos puños y estaba a punto de estampar uno en su bonita cara si no hubiera sido por Rubén.

- Mira Candy… Cuando estés sola hablamos, porque con este aquí no se puede hacer nada.
- Pero… yo…

Rubén se levantó disgustado, me quedé con la boca abierta viendo como se iba ¿por qué se iba? No era mi culpa que siempre apareciera Justin. Miré a Justin y se estaba riendo intentando no hacer ruido. Me levanté, le tiré las palomitas que me quedaban y me fui indignada de sala.

- Oh, venga, Candy, no te enfades- escuché la voz de Justin detrás de mi.
- ¿Por qué siempre tienes que estropearlo todo?- dije girándome para verlo.

Todavía llevaba unas palomitas en su cabello, lo que hizo que sonriera tímidamente.

- Te he salvado la vida, aunque no lo creas- dijo acercándose a mi.
- ¡Como si un beso fuera a matarme!

Y después volví a girarme para irme, pero algo me detuvo. Justin me agarraba de la muñeca, tiró de mí y en pestañeo de ojos lo tenía enfrente de mí, tan cerca que ni el aire corría por medio de nosotros. Puse mis manos sobre su pecho, acariciando esa camiseta color turquesa pastel de manga corta. Puso la mano que tenía libre en mi barbilla, acercando mi cara y me besó. 

Me dejo sin respiración, otra vez, no me lo esperaba y me encantó. Nuestros labios se buscaban con ganas, nos besábamos con pasión. Puse mis manos en su cabello y le quite la palomita que llevaba sin querer, luego las coloqué en su cuello. Noté como si el mundo fuera muy rápido y luego choqué con una pared. Acerqué el cuerpo de Justin, tanto que sentía su piel fría. Mi corazón latía tanto que creía que iba a salir.

- Me encanta cuando tu corazón late tan fuerte. Me encanta el sentimiento que produzco en ti- dijo sobre mis labios, cada vez que pronunciaba una silaba sus labios se rozaban con los míos y me encantaba.
- Yo lo odio.

Yo tenía los ojos cerrados y respiraba fuerte.

- Sé que te encanta.

Justin pasó una de sus manos por mi cintura, separándome de la pared. Doble mi cintura para pegarme más a Justin.

- ¿A todas las chicas las besas por una segunda vez? ¿O me tengo que sentir especial?- abrí los ojos para encontrarme los suyos demasiado cerca.
- ¿Cómo sabes que ya nos hemos besado?
- Lucinda me ayudó a recordar. ¿Por qué me dejaste en el bosque?
- Yo… yo no quería.
- ¿Y por qué lo hiciste? 

Mi mirada se cambió a una que daba lastima, miré a Justin y él tuvo que apartar la mirada. Entonces se separo, eso era lo único que no quería, de repente me sentí sola, abandonada, vacía. 

- Tenía que hacerlo o algo malo hubiera pasado.
- ¿El qué?

Justin metió las manos en su cabello y se giró, dándome la espalda.

- Nada.
- Justin…- me acerqué por atrás, pero avanzo rápido.
- No te puedo contar… Pero no te abandoné porque quisiera. Me hubiera encantado seguir besándote.
- Siento como si todos me escondierais algo.

Justin se giró y me miró. Mis ojos se habían empezado a aguar, odiaba aceptar que estaba empezando a sentir algo por Justin.

- No lo hago con todas las chicas- dijo mirándome a los ojos.
- ¿El qué?
- Besarlas una segunda vez.

Eso provocó que sonriera como una tonta y cuando me quise dar cuenta, Justin se había ido. ¿Y si Justin estuviera empezando a sentir algo por mi? ¿Y si el chico malo sintiera algo?

0 opiniones:

Publicar un comentario

Con la tecnología de Blogger.

Something