NARRA JUSTIN.
Toqueteé el pomo de la puerta, mis dedos fríos notaron el tacto rígido de ese trozo de metal. De repente la idea me pareció demasiado tonta y me alejé hasta la otra punta. Metí las manos en mi cabello dorado, tocándome la piel y con la mirada en el techo. Quité una mano rápida y la deje en mi costado, la otra bajo por mi cara, obligándome a cerrar el ojo izquierdo y paré en mis labios, sonreí o eso creí… Porque me salió una mueca extraña en mi cara, de repente la puerta que estaba detrás de mí, se abrió. Había oídos los pasos y sabía que estaba allí e iba a abrir la puerta en unos instantes. Mi giré, vi que iba en pijama y su cabello que parecía una mata roja recogida en una cola.
- Joder, Justin, la próxima vez que vayas a pensar en eso, hazlo en otro lado.
- Estaba de camino a mi habitación- dije sin acercarme.
- Ya, sabes que la de los tíos es para la derecha ¿no?
Lucinda era demasiado lista, me conocía demasiado bien, así que me deje de rodeos y me acerqué a ella, apoyé mi brazo derecho en el marco de la puerta echando mi cuerpo un poco hacía delante, levanté la cabeza y miré su habitación. Pero no llegué a ver nada, Lucinda se puso de puntillas, enfadada.
- Ya has hecho bastante, vete- me recomendó.
- ¿Todo bien?
- ¿Qué te importa?
- Yo solo… Mira dejado, es una tontería.
Me separé de ella, pero justo cuando pasé por la puerta abierta para ir a mi habitación respiré, sonreí de lado, allí estaba ella, lo sabía, la había olido y sentido.
- Esta todo bien, duerme, pero todo normal. No fue de un caballero dejarla allí tirada.
- ¿Y desde cuando yo soy un caballero?- me giré sobre mi mismo para mirarla mientras seguía caminando de espaldas, le lancé un beso y sonreí- Hasta más ver, Lucinda. Estas hermosa.
Ella puso los ojos en blanco, bufó y cerró de un portazo.
NARRA CANDY
Me desperté dolorida, la cabeza me daba vuelta y tuve que cerrar los ojos porque había mucha luz. Mi cuerpo se sentía bien al estar sobre algo tan cómodo como la cama, moví las piernas y entonces noté pinchazos por el musculo, como si fuera un tirón. Tenía los cabellos de la nuca pegados por el sudor frío que corría por todo mi cuerpo, entonces me di cuenta de que tenía una manta sobre mí y el sol que se colaba por la ventana me daba de golpe y calentaba la habitación, tanto que parecía un horno.
Gemí de angustia y doble la cabeza. Fue lo peor que pude hacer, me empezó a doler, tenía como migrañas y entonces supe de lo que me hablaba Julie, de la famosa resaca. No me acordaba de nada de lo que pasó en la fiesta, no sé como he llegado aquí, no sé nada.
Empecé a tener demasiada calor y poco a poco me empecé a levantar, llevaba el pijama puesto… Otra cosa que no me acordaba. Levante mi mano derecha que me pensaba demasiado hasta mi nuca, quitando esos cabellos que se habían pegado gracias al sudor frío. Con mi otra mano, me restregué los ojos para poder abrirlos en condiciones.
Suspiré, mi cabeza daba vueltas y tuve la necesidad de poner los dos pies sobre el suelo. El contacto del mármol claro y frío hizo que me sintiera bien por unos segundos, pero solo por eso, por unos estúpidos segundos, luego me entraron nauseas y mareos. No controlaba mi cuerpo y por unos instantes me veía en el suelo, pero unas manos me sujetaron por los hombros.
- ¡Candy!- gritaron en mi oído.
Su voz dulce y alarmada hizo que mi cabeza se tranquilizara un poco. Era sorprendente lo fuerte que estaba Lucinda con ese cuerpo de modelo, sujetaba mi cuerpo como si fuera una pluma. No me había percatado antes de que ella estuviera en el cuarto, giré mi mirada hacía la puerta y la encontré abierta, acababa de llegar.
- Te despertaste justo cuando no estaba… Había ido a por agua… Por si acaso la necesitabas- me tendió un vaso cristalino.
Me moví hasta conseguir apoyar la espalda en la pared. Extendí mi brazo hasta conseguir agarrar el vaso, el agua bailaba dentro, entonces me percaté de como me temblaba la mano.
- ¿Cómo estas?- Lucinda se sentó con cuidado en una esquina de mi ama.
- He estado mejor- dije intentando sonreír, pero me salió una mueca.
Ella levantó la mano como queriéndome tocar la cara, pero luego rápidamente la bajó y me dedico una tierna sonrisa. Me asombraba como Lucinda me cuidaba, como si yo fuera su hija o una hermana muy cercana. Levanté el vaso y pegue un trago. El agua fría me sentó genial. Cuando me terminé el vaso entero de una vez me di cuenta de lo seca que había tenido la boca.
- ¿Quieres más?- me pregunto.
Asentí con la cabeza avergonzada, no me gustaba que hicieran cosas por mi, pero ella estaba encantada con poder cuidarme.
- ¿Y algo de comer?- me preguntó.
- ¿Qué hora es?
- Serán las 3 o 4.
- ¿Tanto he dormido? Pero si… Dios.
- No te sentó bien el alcohol.
- Era mi primera vez- dije avergonzada.
- Sera eso, entonces qué ¿te traigo algo de comer?
- ¿Podría ser fruta? Sandia o melón, algo frío.
- Veré que puedo hacer. No te muevas de la cama- me ordenó.
Yo asentí y sonreí. Ella desapareció del cuarto. Al parecer lo que había ocurrido aquí el otro día ya no tenía importancia para ella, pero yo todavía me comía la cabeza… Aunque no le iba a decir nada. Apoyé el vaso vacío en mi mesita de noche, me sentía algo mejor pero tampoco era como para correr un maratón o algo parecido.
Luci me dijo que no me levantaba de la cama, pero estaba impregnada de mi sudor y me daba asco, yo me daba asco. Recogí mi melena larga y negra como la noche en una coleta de caballo improvisada. Cuando me levanté de la cama por un segundo el mundo fue más rápido de lo normal y casi me caigo en la cama de Lucinda. Cogí aire, lo solté y levante la cabeza. Me gustaría darme una ducha, pero corría el riesgo de que no me encontrara en la cama Luci cuando volviera, así que solamente fui a mi armario, busqué una toalla, busqué alguna botella con agua, encontré una que estaba por la mitad y caliente, pero me serviría. Con cuidado, eché el agua en la toalla, entonces empecé a darme por todas partes con la toalla húmeda.
Esto era vida, el calor que sentía empezó a bajar poco a poco. Tenía que hacerle preguntas a Lucinda, quería saber como había parado allí y que había pasado. Me fui a apoyar en la puerta porque el mareo era notable en mi cabeza y la cama estaba pegajosa. Justo en el momento que sentí la puerta en mi espalda, esta se abrió, haciendo que mi débil cuerpo revotara y se precipitara de nuevo al suelo.
Pero esta vez tampoco me comí el suelo, unas manos frías me agarraban por la cintura desde atrás. El frío de esas manos era lo mejor que me podría haber pasado, el contraste de mi piel ardiente con el frío fue como tocar el cielo por unos segundos. Las manos me agarraban firmes, tiró de mí con suavidad hasta colocarme de pie.
Entonces sentí un aliento gélido en mi nuca, haciéndome cosquillas, haciendo que sonriera. La manos no se habían ido, me agarraban fuerte por debajo de la camiseta, ya que así me había cogido. Mi corazón latía tan fuerte que lo sentía por todas las partes de mi cuerpo, normal, era la segunda vez en menos de treinta minutos que me iba a comer el suelo. Inesperadamente la persona que me estaba agarrando por detrás me acercó más a su cuerpo, haciendo que notara lo duro que estaba, como una piedra. Dejé apoyar la cabeza en su pecho, la persona que me agarraba cambió la posición de sus manos de mi cintura a mis manos, yo cerré los ojos y respiré. Me besó en un sitio que ni era la nuca pero tampoco era un lateral del cuello, pero me encanto. Al notar esos labios blandos y a la vez duros supe quien era. Supe quien me agarraba con tanta firmeza.
- ¿Esta Lucinda o tenemos las dos camas para nosotros?
Aunque estaba que me caía, sin darme la vuelta empujé a Justin y me deshice su agarre. Cuando estaba a cinco pasos de él, me di la vuelta y vi como tenía su cabello más despeinado que nunca, llevaba solo una camiseta ajustada de mangas cortas blancas y unos jeans oscuros. Esas dos cosas de color miel preciosas que tenía por ojos me miraban con una mezcla de sentimiento que no logré entender, pero noté en las fracciones de su cara, en esa mini sonrisa sincera que tenía, que se sentía aliviado de verme delante de él.

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