Julie estaba guapísima, empezando desde abajo iba: unos tacones de tacón fino y plataforma por delante, negros básicos, llevaba la falda ajustada que marcaba su trasero y dejaba ver sus tostadas y largas piernas, metida en la falda llevaba la camiseta con purpurina dorada de cuello barco y mangas anchas. Había rizado algunos mechones de su cabello castaño y se había pintado con delicadeza.
Llegué a mi cuarto, Julie se sentó en mi cama con cuidado de no destrozar su modelito y empezó mi desesperación. Lo malo de las fiestas es que no sabes si vas muy arreglada o poco arreglada y sobretodo en mi caso es que tienes muy poca ropa de fiesta.
- ¿Te has traído ese vestido sueltito color salmón? Te quedaba muy bien- me dijo Julie.
Miré a mi armario y me senté en el suelo frustrada.
- No, lo dejé en casa.
Julie me iba diciendo ideas pero o no me lo había traído o solo me había traído una parte y no pegaba con lo demás.
- Te lo advertí, tendría que haber ido contigo a hacer la maleta.
- Jo, es que creía que yo podía y tú estabas ocupada….
- Venga, que seguro que encontramos algo que te queda genial.
La puerta de mi cuarto se abrió fuertemente, chocando con la pared.
- Ups- Lucinda se tapó la boca- No abría y…
- No importa- dije.
Lucinda me miró y sonrió, luego miro a Julie y sonrió, pero como algo forzado. Recordé la escena de que había sucedido hace un tiempo, pero al ver que ella lo ha pasado de largo, no iba a ser yo quien hablara del tema, aunque me puse algo tensa. Llevaba en su mano un termo, Me pareció extraño, no hacía tanto frío como para querer aguantar una bebida caliente, pero claro, a lo mejor era algo frío.
- ¿No vais a la fiesta?- preguntó Luci sentase en su cama.
- Si vamos, pero no sé que ponerme- dije levantándome del suelo- ¿Y tú?
- No sé, ya veré, quizás vaya más tarde… Por cierto, son las 10 y cuarto, lo sabéis ¿no?
- ¿Qué?- pregunte gritando- Joder.
- ¿Has mirado en mi armario? Quizás encuentres algo…- me comento Luci.
- No creo que…
- No todo es tan gotico- me dijo sonriendo.
Me sonrojee un poco, me había pillado, pero aparte de eso era que Lucinda tenía una figura esplendida, quizás una talla menos que yo o dos… no sé, pero la cosa sería que quizás no me quedarán bien.
- En especial hay un vestido muy bonito que creo que te quedaría bien… Es negro, pero no gótico como crees, es sexy - dejó el termo en su mesita de noche y se levanto.
Se colocó delante del armario y abrió las puertas color caoba al igual que el mio. El primer color que saltaba a la vista era el negro, pero había mucha ropa. Quizás Lucinda es de esas que están aquí siempre, he oído que cuando empieza el curso, aquí dan clase, es como un internado. Era cierto lo que me había dicho, había cosas que no eran negras, había cosas azules, moradas, verdes y demás.
Julie y yo estábamos mirándola, mientras ella buscaba algo.
- Aquí esta- dijo volviéndose.
Extendió algo y pudimos ver un raro vestido, a primera vista veías un encaje negro de tirantas con el cuello subido, el encaje ajustado llegaba a la parte de la cintura y aparecía una tela que se ajustaba a tu cuerpo, negra también pero ya no era encaje. El vestido terminaba como un poco más abajo del trasero.
- Es precioso pero…pero… Dios, se trasparenta todo arriba.
- Te poner un bonito sujetador y listo- dijo sonriendo- Si no quieres llamar mucho la atención, uno negro.
Giré a mirar a Julie, ella sonrió y se encogió de hombros, eso significaba que si, que le gustaba.
- ¿Me lo puedo probar?
- Claro- dijo Lucinda.
- ¿Os importa que sea aquí?
- Tranquila, yo no miro- dijo Lucinda.
Empecé a desnudarme rápido cuando Lucinda se dio la vuelta, aun así, me escondí tras las puertas de mi armario. Me puse unas bragas negras de esas que luego no se marcan en el vestido y un sujetador negro, pero que la parte de atrás también era encaje, me acaba de dar cuenta que había traído ese y no el negro normal, encima este sujetador tenía algo de relleno y subía mi pecho. Me puse en vestido, no tenía cremallera, había que meter la cabeza en al falda y bajar poco a poco. Cuando terminé de ponérmelo me sorprendí al ver que me quedaba bien.
- Ya- dije cuando salí de detrás de las puertas.
Lucinda se giró y sonrió orgullosa, Julie levanto la mirada de sus uñas y me sonrió afirmando con al cabeza.
- Esta hermosa-me dijo Julie.
- Si, estás preciosa- dijo Lucinda- Marca todas tus curvas.
Todo el vestido era ajustado, se ceñía a mi cuerpo, pero asombrosamente no se marcaba la poca barriga que tenía. Al mirarme en el espejo me sorprendí de lo sexy que parecía, mi cabello negro se mezclaba con el vestido y mis ojos estaban más abiertos que nunca. La espalda era como si la tuviera al descubierto, el encaje del sujetador se mezclaba con el del vestido.
- Te pones unos tacones verdes a juego con tus ojos y perfecta- dijo Luci.
- No tengo…
- Toma- en su mano llevaba los dos zapatos.
- Gracias.
No sabía si abrazarla, así que solo le sonreí.
Rápidamente Julie me maquilló y Luci me dijo que solo me despeinara el pelo, que me quedaba muy bien. Así que tenía el pelo despeinado, como si me acabara de despertar pero sorprendentemente me gustaba, había unos mechones por delante de mi oreja que me gustaban.
- Lista- dije cuando terminé de echarme colonia.
Julie ya estaba en la puerta.
- No liguéis mucho, luego nos vemos- dijo Luci despidiéndose con la mano.
Julie y yo empezamos a caminar, eran las 10 y media. Pero nadie suele llegar a la hora que empieza la fiesta, estaba nerviosa, no había ido a muchas fiestas y menos con tanta gente como con la que seguro habrá. Entonces un pensamiento cruzó mi cabeza.
- ¿Y si esta Justin?- dije poniéndome nerviosa y mirando a Julie.
- Pues deslumbraré con tu belleza. Quiero que lo dejes con la boca abierta, que sea él el que se tenga que acercar a ti porque no puede más. Así que deja la timidez de un lado y siente sexy, porque es como estas, quiero que salgas a la fiesta y te lo comas a todos.
Entonces miré a Julie asustada y ella se empezó a reír, yo no pude aguantar y también reír. Aunque el comentario no me lo tomé a broma… Iba a ir a la fiesta y le iba a enseñar a Justin que no soy una chica con la que se pueda jugar… Que soy mucho para él. Subí la cabeza y los hombros, tenía que sentirme sexy, porque si no, no lo era.
Llegamos a la fiesta, la música empezaba a escucharse a más de la mitad del camino. Todo el mundo bailaba. Pero de repente sentí como todas las miradas iba a mi. No me dio vergüenza.

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