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Capítulo 10

- Vi como te ibas detrás de él- me dijo Julie mientras cogíamos la comida.
- ¿Con Justin?- dije como si nada.
- Exacto. ¿Le besaste? ¿Besa bien? ¿Qué te dijo?
- No paso nada, es horrible, como el monstruo de debajo de la cama.
- Seguro que te estas pasando.
- Vale, quizás un poco.

Miramos el comedor, estaba lleno quedarían 3 o 4 mesas vacías, el comedor era blanco, demasiado blanco para mi gusto, las mesas era de un metal inoxidable color plata y redondas.

- -Julie rio tontamente- ¿Y con Rubén?
- No sé, es raro, muy posesivo y ya sabes que no quiero nada serio este verano, es el último y hay que disfrutar.

Nos sentamos en una mesa libres. Busqué con la mirada a Justin y a Lucinda, vale, más a Justin, pero también busqué a Lucinda. No encontré a ninguno, era común, nunca aparecía el grupo de Justin por el comedor.

- ¿Lucinda te cae bien?- dijo Julie meneando al comida de su plato.
- No es mala chica, la miras y bueno, da susto, pero es un trozo de pan en el interior. Ella me avisó de que Justin no era buena compañía. 
- Yo también lo hice…- dijo como si no me lo dijera a mi, dejando caer el comentario y mirando su plato.
- Lo sé, tonta, pero ella fue la primera. Bueno no, la primera fue la recepcionista.

Julie y yo nos reímos. Hablamos de cosas varías mientras acabábamos de comer, Julie hoy quería ver un poco más de residencia y yo quería descansar. Así que al final acabamos decidiendo que ella se iba con Melinda, su compañera de habitación a que le enseñará la residencia, yo iba a descansar y sobre las 7 nos veríamos. Recogimos las bandejas y fuimos para nuestras habitaciones.

La puerta de mi cuarto no estaba cerrada, cosa rara, porque Lucinda siempre la cerraba y cuando creía que no estaba bien cerraba la abría y la volvía a cerrar, son manías. Entré y vi a Lucinda andando de un lado a otro, rascándose la nuca, tocándose el pelo, guardándose las manos en los bolsillos.

- ¿Estas bien Luci?- pregunte.

Ella me miró y se echó las manos a la cara.

- ¿Qué haces aquí?- me preguntó borde.
- Es mi habitación…
- Cierto… ¿Qué me esta pasando?- suspiro y removió su pelo.
- Estas pálida y… extraña ¿Has comido bien?
- Comer… comer…- ella me miró- Si, claro- cerro los ojo y evitó mi mirada.

Me iba a acercar a ella pero me sorprendió la rapidez con la que se alejó. Se movía tan rápido como un pestañeo.

- Siéntate y relájate ¿quieres agua?
- No… Quizás un poco de… -me miró sonriendo- No, Lucinda, no- se dijo a si mima.
- ¿Quieres que llame a alguien? A Michael o a Justin….
- No, ya estará al venir… supongo, espero que no tarde mucho… Porque si no...

Dejaba mucho espacio entre cada palabra, no oía apenas su respiración, como si aguantara el aire. La miré detenidamente, era como si se estuviera obligando a permanecer sentada, me miraba de vez en cuando. 

- No puedo más…- se levanto hacía mi- Lo siento.

Me dio como un ataque de pánico, la cara dulce de Lucinda había cambiado por una más feroz, estaba sonriendo con malicia y tenía las manos como garras.. Pero algo me golpeó, no dejándome inconsciente, si no, que me quitó de donde estaba.

- ¡Luci! ¡Para!- grito Michael.
- Quita- le ordenó ella.
- Esto no es lo que tú quieres- él la agarro por la cintura, ella movía las piernas.
- Pero es lo que necesito- dijo mirándome.
- No. Te dije que no iba a funcionar tu estúpido plan.
- ¡Suéltame!- dijo Lucinda y gritó.
- No- dijo Michael tan serio que todavía se me pusieron los bellos más de punta.

Me acurruque aun más en una esquina del cuarto.

- Perdona por las molestias, Candy- dijo el chico mirándome.
- No...No…No… No importa.

Lucinda no dejaba de gritar, pero Michael se la llevó fuera. Pasaron cinco minutos y yo seguía en el mismo sitio de antes, tenía miedo a más no poder, no entendía nada y eso era frustrante. Apoyé la cabeza en la pared, respiré cerrando los ojos, cuando ya tenía más controlada la respiración salí de la esquina. Fui a dormir, pero me despertaba cada 10 minutos con pesadillas de Lucinda viniendo hacía mi con ojos negros. Eran las 5 y quedaban dos horas para verme con Julie, decidí bajar a inspeccionar uno de los patios traseros. Me sorprendí como me temblaban las manos.

Era todo verde, todo césped, había hasta algunas mariposas, flores abiertas y hasta me pareció ver unas ardillas. Llevaba unas chanclas y el césped me hacía cosquilla en los dedos, gracias a eso iba sonriendo todo el camino. Hay mucha gente en la residencia, más de la que podía imaginar.

Todavía no podía comprender que le había pasado antes a Lucinda y estaba preocupada por ella. Quizás fue un ataque de ansiedad… Es la única respuesta que tengo ahora mismo. Estaba tan absorta en mis pensamientos que no vi que la escalera por la que estaba bajando le quedaba un escalón, así que me hubiera comido el suelo si no llega a ser por unos brazos que me agarraban fuertemente. 

- Eres más torpe que una niña chica- dijo su dulce voz.

Giré mi cabeza y allí estaba él, llevaba un gorro de lana burdeos, camiseta negra de tirantas con aberturas en los costados y unos jeans oscuros, luego unas converses negras. A sus pies había una botella de cristal de cerveza y llevaba en la mano un porro.

- Vas a morir como sigas fumando- dije alejándome de sus brazos.
- Soy más fuerte que eso.
- Oh, claro, Justin, él chico que puede superar un cáncer de pulmón. Idiota.
- La que se va a morir eres tú si sigues caminando sin prestar atención.
- Morir sería darte una alegría- puse una mueca en mi cara.
- Niñata.
- Idiota.
- Oh, venga, ¿Cuándo te vas a rendir?

Con Justin yo era diferente, es como si toda mi timidez se fuera, es como si a este inútil lo conociera de toda mi vida. Insultarme con él era un juego para mi, hasta me hacía gracia, pero casi mayormente todo lo que yo pensaba hacía él era cierto.

Me acerqué hacía él, poniendo una de mis manos en su pecho, sonreí con un poco de picardía y me puse de puntillas para susurrarle al oído.

- ¿Tanto deseas que deje que me beses?

Justin puso una de sus manos en mi cintura por atrás y me acercó más a su cuerpo.

- No tanto como tú, cariño.

Bajé por su cara besando su mandíbula, fui a parar a su cuello. Justin se había quedado quieto, hasta creo que no respiraba. Le di un beso lento en su cuello, estaba frio y agradable. Justin iba a decir algo, pero le callé pegando un pisotón en su pie, pegué un chillido y me agarré el pie.

- ¿Qué llevas hierro en las puntas, cabrón?- le pregunte.

Justin se empezó a reír, tanto que si yo fuera él, me hubiera dado dolor de barriga.

- Si, para las niñas como tú. Por cierto, la próxima vez, nada de besarme el cuello ¿Vale? Porque a Justin nadie le deja a medias, la próxima vez no seré responsable de mis actos- se mordió el labio.

Algo en mi estomago se movió, me puse roja.

- ¿Crees que va a haber segunda vez? No te lo crees ni tú.
- No aguanto a las chicas que no asumen que se mueren por mí.
- Asqueroso.

Empecé a alejarme de él. Justin llegaba a un punto en el que es difícil mantener una conversación con él. Entonces oí como se rompía algo a mi lado, como algo frágil se estampaba a mi vera. Miré a mi lado y era la botella que antes había estado a los pies de Justin.

- ¡Me podrías haber dado!- grité.

Me giré y allí no había nadie. Justin se había esfumado tan rápido como un pestañeo. No sabía cuanto más iba a poder aguantar las ganas de besarle, había estado a centímetros de su boca y todavía mi corazón latía demasiado fuerte.

Miré donde estaba la botella rota, había un trozo de papel blanco, lo cogí. Todavía estaba mojado por las gotas que quedaran en la botella, pero la letra se distinguía.

“Dile a tu corazón que se calle”

Inevitablemente, me llevé las manos al corazón, que ahora, latía más rápido.

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