Me desperté, tenía mi cabeza en el pecho de Justin, mi mano estaba al lado de mi cabeza. La respiración de Justin me hacía cosquillas, sonreí. Pero por eso no me desperté, estaba sonando mi móvil. Me moví con cuidado, lo busqué y lo encontré.
- ¿Si?- dije con voz ronca.
- Estoy en la puerta de tu casa, ayer no fuiste a la escuela y hoy ya veo que tampoco tienes intención de ir.
- Estaba durmiendo- digo saliendo del cuarto, es Víctor.
- Me da igual, o sales de tu casa o entro yo. Tenemos que hablar.
- - me rasco la frente- Ve a la plaza que hay cerca, ahora bajo.
Cuelgo. No quiero ir, verlo a él sería volver a la realidad y no quiero, me gusta la realidad de Justin. Me visto con la ropa del otro día y con cuidado, bajo a la 1º planta, cojo unas llaves y salgo. Claro que tengo intención de volver aquí.
Son las 9, el pueblo esta en silencio, hace un poco de frío y mi cara es de recién levantada. Llegó a la plaza, lo veo sentado en un banco, impaciente, preocupado. Me siento a su lado, él ni se inmuta.
- ¿Qué?- le digo.
- Perdóname por la escena de celos. Es que… no me puedo controlar.
- - suspiro- Eso ya es pasado, dejado- le cojo la mano y se la aprieto.
Él me abraza. Los abrazos de Justin no tienen de que envidiarle, solo que los abrazos de Víctor son diferente.
- ¿Por qué no fuiste ayer?- me preguntó.
- Me quedé dormía y aprovechando que no estaba Johanna, me quedé. Tendría que haberte avisado, lo sé. Y hoy más de lo mismo.
¿Por qué no le he dicho la verdad? No lo sé.
- Ah…
- ¿Y de qué tenemos que hablar?
Entonces la cara de Víctor se pone sería, me mira, lo que viene ahora es grande.
- No te fíes de Justin- me dice serio.
- Oh, Víctor, venga ya- digo levantándome, pero la mano de él me lo impide.
- No es quien dice ser, Alaya.
- Otra vez los celos.
Víctor se pone de pie, enfrente mía, cara a cara, un centímetro de aire.
- Pregúntale quien es, qué hace aquí en el pueblo, de qué te conoce tanto. Pregúntaselo, te esta mintiendo, lo sé y no quiero que nadie te haga daño- coge aire- Espero verte mañana.
Y se va, dejándome en la plaza sola, comiéndome la cabeza. ¿Y si es verdad? Vuelvo corriendo a la casa de Justin, abro la puerta, me lo encuentro delante, con unos simples pantalones de pijama. Me falta aire, lo miro, él me mira. Cojo aire y se lo pregunto.
- ¿Quién eres, Justin?
- Alaya…- dice él.
- Dime, quien eres. No me mientas más ¿qué haces aquí? ¿De qué me conoces?- digo entre lágrimas.
- Yo no…
- Por favor.
Justin me mira, ve mis ojos llorosos, aparta la mirada.
- Siéntate.
Y eso hago, voy al sofá, él se sienta a mi lado, me mira con cuidado.
- No vine aquí por trabajo de mi madre… Si no por mi trabajo.
- ¿Trabajas?- le pregunto- ¿Dónde?
- Si, en una agencia que fundo mi padre.
- ¿Y qué haces en la agencia?- le pregunto intrigada.
- Sera mejor que empiece desde el principio… Alaya, quiero que sepas que no fue mi intención ocultarte todo esto y mucho menos herirte.
-¿Justin?- pregunte con miedo, ¿qué iba a decirme?
NARRA JUSTIN
- Tan solo no me interrumpas, es mejor que lo diga del tirón- cogí aire- Yo tenía 6 años y como sabes, mi padre ya había muerto unos años atrás. Jorge, el mejor amigo de mi padre y de mi madre, que también trabaja en la agencia, se mudo con mi madre y conmigo a los meses de la muerte de mi padre. Mi madre se lo agradecía todos los días, sin él, mi vida habría sido un asco. Jorge, como ya te dije, es un hombre muy fuerte, pero le había pasado una cosa hace tiempo y necesitaba sentirse querido y dar amor, Jorge quería ser padre y mi madre lo entendió, le dejo cuidar de mí como si fuera mi padre. Tuve una infancia buena, Jorge iba y venía por el trabajo, pero por suerte estaba más tiempo en casa que fuera. Me ayudaba con el colegió, me sacaba al parque, jugaba conmigo y me compraba cosas. Mi madre le regañaba porque decía que me estaba malcriando, Jorge pasaba de ella- reí- Bueno, un día tan normal, Jorge acababa de llegar de haberse tenido que ir y aunque estaba agotado me llevo al parque. No le tuve que insistir mucho, desde ahí empecé a dudar… Aun que tenía seis años, me acuerdo perfectamente de la conversación que tuvimos cuando llegamos a un parque que nunca antes había ido.
(Conversación)
- Justin, eh, Justin, espera- me dijo Jorge cuando ya me iba a ir a jugar.
- ¿Qué?- le pregunte.
- En este parque hay una persona muy especial para mí aparte de ti.
- ¿Si? ¿Quién?- le pregunté.
(Vuelve a hablar Justin)
- Entonces Jorge me señaló una chica que estaba jugando sola en el parque, pero aunque estaba sola se lo estaba pasando mejor que ninguna. Le llegaba el cabello por el trasero y lo tenía semi-ondulado, su cara era muy blanca y por eso resaltaban tantos sus ojos color esmeralda, lo único feo de su cara era un moratón que tenía bajo el ojo- Alaya me miró, quizás la chica le resultaba conocida- Llevaba un vestido de flores muy desgastado por las rodillas y unas sandalias que creo que le quedaban chicas. Después de mirar a esa niña, miré de nuevo a Jorge.
(Conversación)
- ¿Y qué tiene de especial?- le pregunté.
- Esa niña vive un infierno, no la quieren.
- ¿No le leen cuentos antes de dormir?- le pregunte.
- No. Ella antes de dormir sufre. Y quiero que cambiemos eso, hay que hacerla feliz.
- ¿Cómo tú y papa hacéis?- le pregunte.
-- él me miró- Si, Justin. Ahora ve con ella, juego, que no se sienta sola.
- Pero ¿De qué la conoces?
(Habla Justin)
- Entonces Jorge me dijo una frase que no me esperaba para nada, me dijo “ella es mi hija” Entonces él se fue, no me dio tiempo a preguntarle porque no estaba con ella. Entonces le hice caso, fui con esa niña y empezamos a jugar juntos. Fue la mejor tarde de mi niñez. Fui como unas semanas cada tarde a ese parque, la mayoría de las veces estaba esa niña, otras veces no estaba y cuando volvía, venía con un moratón. Nunca le pregunté, porque no quería que pensara en cosas tristes mientras jugaba. Nos hicimos grandes amigos, pero mi madre entró en depresión por lo de mi padre, nunca lo superó, yo cumplí los siete años y Jorge pensó que ya era hora de mudarse a la agencia. Así lo hicimos, no me dio tiempo ni de despedirme de aquella niña que había sido mi única amiga de verdad. Mis siguientes años son los peores, tuve una época de rebeldía, discutía por mi madre por todo y no aguantaba a Jorge, le echaba en cara de que solo estuvo conmigo porque le recordaba a su hija. Les hice mucho daño, pero aun así, ellos no me abandonaron, recuerdo que aunque volviera borracho a mi casa, le gritara a mi madre, cuando me levantaba con la boca seca y con resaca, mi madre había puesto en mi mesita de noche agua y una pastilla. Me drogaba tanto que casi siempre acaba en el hospital, me emborrachaba y luego conducía, tuve un accidente y no me importo, casi muero, pero lo seguía haciendo, no pensaba. Tuve sexo con cada chica que me gustaba, me convertí en un adicto, hasta llegué al punto de que pensaba que me podían dar más placer y acaba haciéndoles daño. Llegaron los 17 y mi madre me cogió, me llevo a la tumba de mi padre y me obligo a mirarla y decirle todo lo que hago. Parece estúpido, pero fue lo que me hizo cambiar, era como si mirara a mi padre a los ojos y le dijera que su hijo lo esta defraudando, mi padre un hombre bueno, que quiso lo mejor para mi hasta que murió, con un hijo bastardo que solo sabe vivir al limite. Entonces miré a mi madre y le pedí ayuda. Me metieron en psicólogo, en desintoxicación y demás cosas. Fui fuerte y después de 5 meses, estuve como nuevo. Y desde ese entonces, empecé a trabajar en la agencia. Dicen que tengo los genes de mi padre, ya que soy muy bueno en ello. Te preguntara qué hago. Es muy sencillo, mi madre me comprendía tanto cuando tuve mi mala época porque ella también la vivió hasta que conoció a mi padre, él la ayudo ha convertirse en la mujer que es hoy en día. Entonces pensó que seguro que había muchas persona en el mundo igual que mi madre, fue contándole su idea a sus amigos, unos cuantos se unieron con él y poco a poco fueron uniéndose más, hasta crear la agencia "give happiness". Nos encargamos de hacer la vida más fácil a esas personas que ya no pueden más, que están al borde de la muerte. Hace unas semanas, acaba de llegar de ayudar a un chico un poco rellenito, se sentía solo y lo maltrataban en el colegió, él ya no podía más con su vida y yo me hice su amigo. Le ayudé a cambiar, le convencí para que cambiara de colegió y así hizo. La cosa le va mejor y hasta dice que esta haciendo ejercicio para quererse aun más. Cuando llegue de eso. Jorge me llamo, fui a su agencia y me enseñó una foto de una chica guapísima, de cabello castaño, piel pálida y ojos esmeraldas.
(Conversación)
- Justin ¿la recuerdas?- me pregunto.
- ¿La conozco?- dije mirando al foto.
- Por supuesto, de pequeños erais muy buenos amigos.
- ¿Es… es la chica del parque? Tu hija…
- Si.
- Esta muy guapa- le dije- y muy mayor ¿qué pasa con ella?
- La cosa no mejoró Justin y es tu turno. Yo no puedo acercarme a ella, pero tu puedes colarte en tu vida y hacerla feliz otra vez, como cuando erais pequeños.
(Habla Justin)
- Mirar el rosto de aquella chica me recordaba a mi infancia, en al foto no sonreía, se le veía sin vitalidad, sin ganas de nada. Nunca supe el nombre de la chica, se lo iba a preguntar a Jorge, pero no me hizo falta, giré la fotografía y abajo en color azul ponía “Alaya – 17”
Alaya me miró, con la boca abierta
- Yo- susurró ella

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