NARRA ALAYA
La oscuridad de mi cuarto me envuelve, aun hay luz afuera, pero tengo mi cuarto a oscuras, no sé por qué, quizás para no ver mis rajas, para no ver mi cara, para no ver mi asqueroso cuerpo. Sentía la pared en mi espalda, estaba fría y dura, como yo. Pasaron las horas y algo me sacó de mi mundo, unos golpes en la ventana ¿ya eran las 12? No tenía ganas de nada, o quería verle, bastante había sufrido por su culpa, bastante daño me había echo mi madre recordándome lo puto que son los hombres porque me había visto sonreír.
NARRADOR OMNISCENTE.
Justin seguía tirándole pequeños trozos de goma a la ventana de Alaya, se preocupo ¿qué le podía haber pasado? Quería verla, quería ver que estaba bien, que estaba feliz.
Alaya escondió su cabeza entre sus rodillas, empezó a llorar más, le dolía ser feliz, no le gustaba serlo, siempre le pasaban cosas malas, mejor estar triste, mejor no tener sentimientos.
Los golpes en la ventana de Alaya no cesaban, Justin no se daba por vencido, quería verla y por alguna extraña razón él suponía que ella no le quería ver. Eran las 12 y cuarto, Alaya lloraba, Justin empezó a preocuparse.
Si de algo podía presumir Justin es de ser cabezota. Así que hizo una locura, sin mirar, se subió encima de su ventana y salto a la de enfrente, tuvo suerte, Alaya no había puesto el pestillo. Menos mal que a Justin le gustaba el deporte, se pudo sostener con sus brazos. Entro en la habitación, estaba a oscuras.
NARRA ALAYA.
- Alaya…- susurraron.
Me asuste, recogí más mis piernas.
- ¿Qué haces aquí Justin?- pregunte.
Oí un suspiro.
- Estas viva- dijo él.
- Por desgracia- susurré.
- Me estaba preocupando mucho ¿Puedes encender la luz? No me gusta hablar a la oscuridad.
Me levanté, apoyándome en la pared y encendí la luz. Justin estaba enfrente mía, sus ojos me miraban, observándome, pero no brillaban como siempre.
- ¿Has llorado?- me dice.
- No te importa.
Me acaricia la mejilla derecha, pero levanto mi mano, para quitar su mano de mi mejilla, él me agarra el brazo.
- No te puedes cortar más- me dice.
- No intestes cambiarme.
- No me pidas algo imposible, sobretodo si eso es lo mejor para tu salud- dice enfurecido.
Y me besa, acorralándome en la pared, haciendo que casi llore. Levanto mis brazos que tiemblan. Apoyó mi cabeza en su cuello y lo abrazo.
- Eres superior a mí- le susurro.
- Eso esta bien. Ahora empecemos con el juego- me dice.
- No tengo ganas de nada.
- Te aguantas.
Justin me lleva a mi cama, nos sentamos él me mira a los ojos, me sonríe.
- Ahora me toca a mí. ¿Qué quieres saber?- me dice.
- Muchas cosas- le respondo tímida. ¿Dónde vivías de pequeño?
- Aquí- me contesta feliz.
- ¿Enserio?- le pregunto.
- Si, nací aquí, en este pueblo… Pero después de la muerte de mi padre todo cambió, mi madre empezó a odiar este sitio, aun que teníamos una persona que nos ayudaba mucho y a la cual debemos la vida.
- ¿Y como se llama? ¿Por qué?
- Se llama Jorge. Él es un gran hombre, nos ayudaba en todo, me pagaba la educación, es como mi tío, pero le tengo un gran respeto. Es muy agradable, pero impone.
- ¿Sigue viviendo aquí?- pregunte.
- No…- dijo Justin jugando con sus dedos
- Me hubiera gustado conocerlo.
- Quizás algún día- me dice él sonriendo, es una de esas sonrisas que tiene doble significado.
Escucho pasos fuera, en el pasillo. Me asusto y cierro los ojos, Justin me aprieta la mano.
- Sera mejor que te vayas- le digo sonriendo.
- Si pasa algo, estoy enfrente, a cualquier hora.
- Gracias- le dije.
- Te mereces esto y más.

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