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Capítulo 17

NARRA JUSTIN.

Y se cerro la puerta, Alaya se había ido y con ella mi tranquilidad. ¿Qué pasaría ahora? Se tendría que haber quedado aquí hasta que a su madre la metan en la cárcel de por vida. Toqué el pomo de la puerta, quería abrirla e impedirle que entrara en ese infierno que es su casa, pero una voz me lo detuvo.

- Déjala, Justin- dijo mi madre.
- A saber lo que le dice o hace por haber estado una noche fuera. No me lo quiero ni imaginar.
- Quizás no esta.
- Me repatea que seas tan optimista, mamá- dije avanzando hacía ella.
- En estos momentos es lo único que ayuda. 

Suspiré, me removí el cabello, estresado y preocupado.

- Esta muy cambiada- me sonríe mi madre- A saber que le has hecho.
- -sonreí, pero esa sonrisa se borro- En la ducha… me pidió que me metiera con ella. No me pude controlar.
- Lo suponía- suspiro mi madre- Así que se lo conté a él.
- -abrí los ojos como paltos- ¿QUÉ? ¿QUÉ HAS HECHO? ¿Cómo se te ha ocurrido mamá?
- Lo tenía que hacer, nos dijo que le teníamos que tener informados.
- ¿Y qué te dijo?- puse la mano en mi frente.
- - Mi madre me miró y sonrió- Que lo intentemos.

Ya estaba preparando mi mente para una bronca y me pillo desprevenido.

- ¿El qué?- le pregunté.
- Hablamos de que quizás Alaya no necesita una simple amistad para recuperarse, que quizás necesita amor… Que intentemos haber si se deja amar.
- Pero mamá… No puedo hacer eso, no puedo hacer que se enamore de mí para nada. 
- Quizás así estaríamos antes en casa…- ella bajó la mirada.

Sé que no le gusta estar aquí, suspiré.

- Lo intentaré.
- Me dijo que tiene que hablar contigo, llámalo.
- De acuerdo.

Cogí el teléfono que teníamos para estos casos, pulsé la tecla del numero uno por dos segundos y directamente empezó a llamarlo. Me puse nervioso, me sudaban las manos.

- Hola Justin- dice él alegre, con una voz que te revuelve el animo.
- Hola Jorge, me dijo mi madre que querías hablar conmigo. Y perdona, de verdad, yo no quería hacerlo…
- Si y tranquilo, hombre, mejor contigo que con cualquiera.
- - me senté en un taburete de la cocina- ¿Y qué pasa?
- Tan solo quería que me contaras como va Alaya.

¿Qué le podía decir? Claro que estaba mejorando, pero tiene dos días bien y el siguiente malo, mientras que damos un paso para adelante, al siguiente día es como si no hubiéramos echo nada.

- Esta mejorando.
- Justin… No me hables como si fueras su profesor ¿tú como la ves?
- Damos un paso para adelante y dos para atrás- dije con sinceridad.

Jorge no habla, se queda en silencio.

- ¿Crees que va a mejorar? Quizás estés haciendo el tonto ahí.
- Nada es imposible ¿no?
- Pero quizás Alaya este definitivamente perdida.
- No, no digas eso Jorge, Alaya no esta perdida, sigue siendo aquella niña de 5 años. 
- ¿Me lo prometes?
- Te lo prometo, tiene la misma sonrisa- dije y a la vez, sonreí.
- ¿Sigue teniendo aquel lunar bajo la oreja derecha?- preguntó.
- Sigue ahí.

Otro silencio, no quiero irme, no me gusta dejar algo a la mitad.

- Dos semanas o tres semanas más.
- Es muy poco…
- Eso o nada Justin, hay miles de personas que también necesitan tu ayuda.
- Pero Alaya no es una chica más, Jorge.
- No podemos permitirnos pensar así, Justin. Dos o tres semanas, ¿lo tomas o lo dejas?
- Vale…
- Llámame con cualquier cosa, recibirás otra llamada dentro de dos semanas más o menos.
- - suspiré- Vale.
- Suerte y cuidada. Adiós.

Y colgó, me quedé mirando el teléfono. Dos semanas, ahora no podía derrochar más tiempo.

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