SIGUE NARRANDO JUSTIN.
- A…a…Alaya- digo mordiendo mi labio inferior, intentando contenerme- Sepárate.
- Vamos, Justin, deja de ser el chico bueno. ¿Es por qué estoy gorda? ¿Cierto?
Alaya baja su mirada, apoyando su frente en mi pecho desnudo. Levanto mi mano temblorosa, la pongo sobre su espalda, esto hace que ella se pegue más a mi “Deja de ser el chico bueno” No, no puedo.
- No estas gorda, Alaya. Estas hermosa, hasta incluso te diría que tendría que comer más o vomitar menos.
- Eso es por que tú me ves con buenos ojos- dice levantando la mirada, con ternura, una ternura que no había visto nunca en ella.
- No, Alaya, que te quede claro- cojo su cara entre mis manos, obligando a que me mire- Eres perfecta tal y como eres, que nadie te diga lo contrario.
Alaya se pone de puntillas, acercando nuestras caras, rozando mi cuerpo. A milímetros de mis labios ella me habla, rozándolos cada vez que pronuncia una silaba.
- Gracias
Y llega el beso. Sus labios están mojados al igual que los míos, eso hace que el beso sea más tierno y eso es lo que quiero, no quiero un beso de deseo, no quiero eso, ya tuve suficiente. Pero no quiero encariñarme de Alaya cuando dentro de dos o un mes la tendré que dejar. Nuestras lenguas juegan, es divertido, escucho como Alaya intenta reírse en mi boca, eso lo hace más fantástica.
El agua cae suave, no me importa, es como si lo demás no existiera, solo existe nuestro beso. Quizás hace un tiempo, solo había pensado en arrancarle lo que le quedara de ropa encima, pero no hay bulla, el tiempo esta de nuestra parte. Mi plan, quizás ahora cambie mi táctica, Alaya necesita amor, cariño y eso un amigo no se lo puede dar.
- ¿Dónde estas?- me pregunta Alaya- Porque aquí conmigo no.
- Claro que estoy aquí…- se me hace difícil seguir- Para siempre.
Alaya se aparta de mi, suspira se da la vuelta, apoyándose en el otro lado de la ducha, hace gemidos de llanto, intento tocarle la espalda, no entiendo el por qué. Pero ella se da al vuelta.
- No me digas esas cosas Justin, no quiero que me mientan más. Así que hagámoslo y acabemos con esto. Es lo que los dos queremos.
Contrólate Justin, tu no eres ese. Cojo la mejilla izquierda entre mi mano izquierda, acariciándola, metiendo un mechón suyo detrás de la oreja.
- Si, es lo que queremos, pero yo no lo quiero de esa forma. Cielo… Yo solo sé hacer el amor.
- ¿Y qué hay de diferencia?
- El amor- le hablo cada vez más cerca- se hace con sentimientos, con dulzura, tratando a la chica como una reina.
- Me parece que soy virgen en eso todavía- dije ella sonriendo tímida.
- ¿Lo solucionamos?
Esta volviendo mi yo de antes, el que se fue porque llego al tope, el que hizo daño a muchas chicas.
- ¿Y la timidez Justin?- dijo divertida.
- Contigo no hay quien la tenga.
Esta conversación era surrealista. Hablamos de hacerlo, pero nadie da el paso. Entonces pasa rápido, en menos de lo que tarda un pestañeo, Alaya esta totalmente desnuda enfrente mía. Su ropa esta en el suelo de la ducha, entonces ella me mira a mi, luego a mi bóxer, de nuevo a mis ojos, retándome.
No Justin. Es tu trabajo, tu misión, te pueden despedir, piensa en tu padre.
Si Justin. Esto puede adelantar tu vuelta a casa, así sacaras a tu madre de este lugar que tanto le recuerda a tu padre.
Y lo hago, acepto su reto, me bajo el bóxer bajo su mirada, tengo miedo de lo que pueda pasar, pero tengo que creer en mi, tengo que hacer el amor, algo en que somos vírgenes los dos. Además ella sigue borracha, se tiene que apoyar para mantenerse de pie, no se acordara de nada.
Me agarro a ella, a su cintura, empiezo a besarla, en cada lado que pille, ella juguetea con mi cabello. Le gimo en el cuello, noto como mi miembro se hinca en su muslo, ella sonríe. Su sonrisa es adorable, ella entera es así. Me doy un pequeño susto cuando noto algo en mi parte baja, algo que me acaricia suavemente. Intento controlarme, pero su mano es mágica hace que pierda el control, que olvide quien soy y que olvide que ella no puede hacer eso.
Le muerdo a Alaya en el cuello bajando por su pecho hasta encontrar a sus senos, los lamo como un perro seco, Alaya se mueve, apretándose a la pared. Ella me pilla desprevenido bajando su cuerpo, poniéndose de cuclillas, no sé lo que quiere hacer hasta que noto como absorben de mi miembro.
-Oh, no, Alaya, no hagas eso- digo, pegándome a la pared, cerrando los ojos y mordiendo mi labio.
Pero ella no para, temo que se ahogue, porque ahora no me controlo, es la mejor mamada de mi vida. Le cojo del cabello a Alaya, su experiencia me asusta, quizás cuando llegue mi turno la decepcione. La empujo fuera de mi, ella se levanta, asustada.
- ¿Le hago mal?- me dice preocupada.
- No, demasiado bien- digo sonriendo y volviendo a coger su cara con mis manos.
Vuelvo a besarla, porque lo que más me gusta es besarla, su boca esta caliente, besarla es lo mejor, es mejor que comer chocolate, ella gime en mis labios. Bajo una de mis manos a su muslo y lo empiezo a sobar, peor no bruscamente suave, con sentimientos… ¿Qué pensaría ella de mi si supiera quien soy? ¿Estaría pasando esto ahora mismo? Subo mi mano hasta su feminidad, tocandoda. Ella me muerde el labio. Meto uno de mis dedos penetrándola, el agua hace que todo sea más suave.
- Nunca tuve tantas cosas antes del sexo- me dijo Alaya en el oído.
- ¿No te gusta?- le pregunto, siguiendo, con dos dedos susurrándole en el cuello.
- -Ella gime- Me encanta.
Noto algo sobre mi dedo, no es agua, es algo más contundente… Entonces sé lo que es, sonrío victorioso, algo que le gustaba mucho a mi antiguo yo era que las mujeres se corrieran primero. Alaya ve mi sonrisa, veo como se sonroja.
- No sonrías así, yo no quería pero…- se muerde su labio y gime hacia dentro.
- Eso esta bien… esta bien- le dijo acarician su otro muslo.
- Quiero más, quiero más Justin.
Sé lo que significa eso.
- ¿Y si no soy lo suficiente bueno?
- Oh, vamos, me he corrido antes que tú, me dijiste que no te solían besar y besas mejor que nadie. ¿Y ahora tienes medio?
- Si, pero cielo- acaricio su mejilla, acabando en su cabello enredado y mojado- tengo miedo a desatarme, a convertirme en una bestia… No quiero hacerte daño.
Alaya me mira a los ojos, sus ojos esmeraldas brillan con un brillo especial.
- Sé que no me puedes hacer daño, eres la única persona que no me haría daño en su vida.
Y besa mis labios, haciéndome sentir una mierda, quizás no contándole lo que sé le estoy haciendo daño, quiero que ella sea feliz. La agarro de las piernas y ella salta, aprovechando de mi erección, la penetro rápido, quiero que esto termine, no tenía que haber empezado. Acaricio con mi mano suelta su cabello, le beso el cuello, le susurro cosas bonitas en el oído.
- ¿Sigues borracha? No me gustaría que recordaras esto mañana.
- Claro que estoy borracha- dice con una voz agotada, pero con dulzura- Una ducha no me borra el alcohol.
Ella gime, pongo su espalda en la pared, apretándola más, ella grita mi nombre gozando. Me agarra del cabello, no es estrecha, es culpable su mala vida, le vende el cuerpo a todos los hombres. La beso, con dulzura, quiero que se sienta querida. Noto que ella lloriquea un poco, la miro a los ojos, los tiene rojo y caídos. La bajo con cuidado de mi cuerpo. No vamos a seguir, no esta en condiciones.
- ¿Ya?- me pregunta, abrazándome.
Apago la ducha, apoyándome en la pared.
- Ya, tienes sueño, esto no es lo correcto. Vete, vete de aquí, en mi cuarto tienes ropa mía, no te quiero ver.
Alaya me mira extrañada, quizás le haya dolido algo e lo que dije.
- Creía que la que estaba borracha y decía cosas sin sentidos era yo, no tú- ella sacude la cabeza y sale, murmurando:- Todos son iguales, un polvo y no te quiero ver más- entonces sale corriendo.
Me odio, me apoyo en la pared hasta el fondo. Me arrepiento, toco mi cara con la mano, parando en mis labios, donde anteriormente habían estado los de ella. Ella no es una chica más, no, ella es mi pequeña Alaya, no me gusta que sea una chica más, me tendría que haber aguantado, controlado, le tendría que haber entender que no siempre que estés en una casa con un chico tiene que haber sexo y en vez de eso, le di a entender que soy como los demás, un cualquiera.
Me levanto de la ducha, me coloco una toalla y voy a mi cuarto. La veo con una camiseta blanca mía en mi cama. Su cabello mojado tapa su cara, no sé si esta dormida, no creo. Cojo un bóxer y un pantalón largo de pijama. Me lo coloco y voy a la cama. Me tumbo a su lado, le aparto el cabello, tiene los ojos abierto de par en par
- Te creía diferente- me susurra.
- Y lo soy. Solo que desataste la bestia que hay en mi, no quería hacerlo contigo hoy, hoy no, quería hacerlo en un sitio bonito, con luces, quería que tú llevaras un bonito vestido y yo un traje, que antes hubiéramos cenado en un sitio elegante. Quería que esto pasara en condiciones.
- Podrías haberlo parado- me dice con toda la razón del mundo.
- No estas borracha, ¿a qué no?- le acaricio la mejilla.
Ella niega con la cabeza, ahora me siento más culpable. Miro su cuerpo, ahora que esta más o menos seco lo veo bien. Sus muslos están rajados, me da una punzada el corazón. Le cojo una de sus muñecas, ella no tiene ganas ni de no permitirme que haga eso. Veo todo sus cortes, cada uno tendrá una historia distinta.
- ¿Te apetece que juguemos?- le pregunto- A nuestro juego de preguntas.
- No tengo ganas de contarte ahora mis cosas.
- Te hará sentir mejor. Perdóname- le beso en la mano.
Su mirada esta perdida, sé que tiene sueño, pero no quiero que se duerma, puede sonar egoísta pero quiero escucharla hablar, quiero recordar momentos con ella. Alaya coge aliento, ahí va.
- El sexo perdió importancia en mí hace mucho tiempo, así que no te disculpes. Tan solo creía que contigo todo iba a ser diferente, me hice ilusiones, como siempre- ella sonrío de lado.
- Cuéntame más- digo abrazando su cintura, acercando su cuerpo.
- Sufrí abusos sexuales de pequeña- me confiesa mirándome a los ojos- No llego a violarme, tan solo jugaba con mi cuerpo, me toqueteaba. Fue uno de los novios de mi madre.
Eso no lo sabía, en al agencia no me lo habían dicho.
- No lo sabía…- le dije.
- Nadie lo sabe. Estoy confiando en ti, Justin, no me decepciones.
- No lo haré, soy yo, Justin. Soy el chico tímido, olvídate de esto. Estoy aquí para cuidarte, así que duérmete, estas cansada.
- ¿Eres un ángel?
- No, soy un ser humano que esta aquí para ayudarte.
Ella sonrió y acarició mis labios. No cambiaría este momento por nada del mundo. Solo estábamos ella y yo.
- Suelo tener pesadillas.
- No me importa si me pegas una patada, me lo tengo merecido.
Ella termino de acortar la distancia que había entre nuestros cuerpos y me beso de nuevo, tan solo un pico, luego se dio la vuelta, la agarre y se durmió.

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