NARRA JUSTIN.
Salgo del coche, son las doce o una de la madrugada, acabamos de llegar a casa. Voy hacía la puerta donde esta ella, la abro, parece una niña pequeña. Tienes las piernas subidas al asiento, dobladas, su mano izquierda la tiene sobre su rodilla derecha y la cabeza esta apoyada en la palma de su mano derecha que tiene el codo apoyado en su barriga, una postura muy rara, pero esta cómoda.
Parece más chica de lo que es, es canija y pálida, el conjunto de ropa interior negra destaca sobre su piel. No la he podido vestir porque me daba cosa que se despertara. Su cabellera castaña tapa sus pechos, estará flaca y blanca, pero su cuerpo es perfecto, no sé como puede tener curvas si apenas come, no sé por qué no parece un esqueleto andante… Su madre es flaca, pero su padre es fuerte, tendrá la estructura de su padre.
Meto uno de mis brazos por debajo de su rodilla y cojo uno de sus brazos, colocándolo sobre mis hombros, entonces la saco despacio del coche, ella rápidamente esconde la cabeza en mi pecho. La he odio gemir en sueños, gemidos de tristeza como si tuviera miedo, la he visto tiritar, no de frío, ya que puse la calefacción en el coche, si no de miedo, hasta me ha parecido ver una lagrima en su mejilla, no se estaba quieta mientras dormía. Pero, ahora, en mis brazos esta quieta, respira normal y tiene las comisuras del labio subida.
Mierda, estoy delante de la puerta, con ella en brazos, no puedo abrir la puerta. Me da por mirar a una de las plantas que puso mi madre en la puerta y veo un papel que pone. “Me he ido para no molestar, tienes la puerta abierta y comida en la cocina, con cualquier cosa llámame. Con cariño, mamá.” Sonrío, como siempre, mi madre sabe hacer las cosas. Levanto la pierna y le doy una patada en la puerta, esta se abre y sonrió.
Me meto dentro de mi casa, esta calentita, se lo agradezco. Me giró para mirar mi puerta, como si tuviera poderes y la pudiera cerrar con la mente, pero no. Entonces Alaya se mueve en mis brazos.
- ¿Me bajo?- pregunta con una voz ronca pero seductora.
- ¿Estas como para bajarte?- le pregunto.
- Claro- dice convencida.
La bajo despacio, ella toca con sus pies desnudos el suelo, abre los ojos como dos platos y abre sus brazos para estabilizarse. No he dejado de cogerle la cintura, por si acaso.
- Ya puedes soltarme- me avisa- ¿Y mi ropa?- me pregunta- Aun que no me importa- gira su cabeza y me sonríe picara.
Mis mejillas se sonrojan, la poca vergüenza de Alaya siempre me pilla desprevenido.
- Están en el coche, ahora vengo.
Voy corriendo a mi coche, busco su ropa y la cojo. Le pongo la alarma al coche y vuelvo a mi casa. Cierro la puerta detrás de mi, la busco, pero no la encuentro. ¿Y Alaya? Escucho pasos en la cocina, voy allí y la encuentro bebiendo, no agua, si no alcohol.
- Es muy mal escondite esconder las botellas donde las tuberías- me dice Alaya sonriendo.
Me toco la cara con la mano. La tendría que haber llevado a su casa. No, sé que no quiero eso, cuanto menos este en su casa, mejor para mi.
- Te he traído la ropa- digo enseñándole su ropa.
- No la quiero, estoy bien así- dice mirándome, pegándole un buche a una botella.
- Deja de beber- le dijo.
- ¿Por qué? ¿Te molesta que me beba tus botellas?
Me acerco a ella, para quitársela, pero se mueve, alejándose de mi, suspiro.
- Alaya, la fiesta ha acabado.
- Acabará cuando yo diga- dice sonriendo y sale corriendo de la cocina con la botella en la mano.
Vuelvo a suspirar. Salgo de la cocina corriendo en su búsqueda, como cuando jugábamos al escondite, pero no somos niños, somos adultos y uno de nosotros esta borracho. Subo al segundo piso, veo la puerta de mi cuarto medio abierta, voy allí, el juego ha terminado, la he encontrado.
La encuentro tirada en mi gran cama, boca arriba, tiene las piernas cruzadas, sube y baja el pie tocándose la otra pierna. Tiene la mirada en el techo y pega unos tragos de su botella. Es una posición demasiado sensual, si a eso le añadimos que esta en ropa interior, es aun peor. Los huesos de su cintura se marcan, pero es guapa, es sexy. Me tapo los ojos con las manos, me esta poniendo malo. Lo noto en mi entre pierna.
- Ven Justin- dice Alaya tocando la cama- ¿Quieres jugar conmigo?
No se refiere a un juego inofensivo, ella quiere jugar a un juego de adultos. Un juego al que yo estaba acostumbrado a jugar, pero lo dejé. Pero su cuerpo me llama, es perfecto, es blanca y delgada pero tiene curvas y una buena delantera. Oh, no, Justin, no pienses así, este no eres tú. Empiezo a respirar agitadamente, noto un sudor frío por mi nuca, miro una vez más el cuerpo de Alaya y salgo corriendo de mi cuarto.
Se me es difícil mirar Alaya de esa forma. Ella no es una cualquiera, además ¿y si se entera él? No puedo jugar a lo que quiere jugar Alaya, no puedo jugar con mi trabajo. Toco mi entrepierna, intentando bajarla, pero el mínimo roce hace que me muerda el labio, recuerdo las largas piernas de Alaya, suspiro. Si yo fuera mi antiguo yo, si Alaya no fuera mi misión, en esa habitación habría pasado algo muy malo.
Busco el teléfono, casi se me cae al suelo, me tiemblan las manos. Marco el número de teléfono de mi madre, espero no despertarla.
- ¿Si?- me pregunta, no estaba dormida.
- Mamá…- digo suspirando- Necesito ayuda.
- ¿Qué pasa? ¿Y Alaya?
- Esta bien, esta en mi cuarto…
- ¿Entonces
- Eso es lo malo, esta en mi cuarto, en mi cama, en ropa interior y borracha. No le quiero hacer daño.
Si, me da cosa hablar de eso con mi madre, pero ella esta acostumbrada.
-Respirar. Sal a la calle a que te de el aire.
- Pero ella seguirá arriba y no creo que tenga muchas ganas de dormir.
- Déjame que piense…
- Mamá… ¿Tú que hacías cuando yo llegaba borracho a casa?
- Te daba algo de comer o algo caliente de beber… Algunas veces te obligaba a que te metieras en la ducha, eso era lo mejor. Inténtalo con Alaya.
- ¿Quieres que la meta en la ducha?
- Si, que el agua este un poco más fría que caliente.
- Ay, Dios.- entonces escuche ruidos arriba- Mamá, te dejo, que escucho ruidos arriba.
- Vale hijo, suerte, nos vemos mañana.
- Gracias, adiós.
Cuelgo y tiro el teléfono al sofá, subo rápidamente. Encuentro a Alaya en la cama de pie, a puesto música y esta bailando mientras bebe ¿todavía le dura la botella?
- Venga, Alaya baja.
- No quiero. Ven, baila conmigo.
Alaya remueve su cabello y mueve la cintura. Suspiro, cojo aire y voy hacía ella. La cojo de las piernas y apoyó su barriga en mi hombro, la cojo como un saco de patatas y la saco de la cama.
- Yo quería bailar.
- Pues no, ahora vas a dejar de estar borracha. Así que despídete de la borrachera.
- Adiós borrachera- dice alegre como una niña pequeña- Jo, así es como únicamente estoy feliz- deja de tener el cuerpo tieso.
- Eso no puede ser, Alaya…
- No puedo hacer nada.
Agarrándole el trasero, la dejo en el suelo. La cojo de las muñecas, ella hace una mueca con la boca, la siento en el retrete. Ya no esta alegre, hace pucheros con su boca y a cruzado los brazos en su pecho. Suspiro y enciendo la ducha, me caen unas cuantas gotas en el pelo, meto la mano y veo que el agua esta propia.
- Venga, vamos a al ducha- digo mirando a Alaya.
- No.
- Alaya…
- No- dice seria, mirando el suelo.
La cojo del brazo, fuertemente y la levanto. La miro y tiene unas lágrimas en la cara.
- Me has hecho daño, bruto. Solo sabéis tratar a mi cuerpo con fuerza y maldad- dice entre lágrimas- Nadie sabe tratarme como una señorita.
Se me rompe el corazón verla así, hace unos minutos tan alegre y ahora así… La abrazo, estrechándola en mis brazos. Ella no se impone, apoya la cabeza en mi pecho y absorbe por la nariz. Le acaricio el pelo y beso su frente. Es tan pequeña.
- Ya veras que cuando te duches te vas a sentir mejor.
- ¿Me lo prometes?- dice mirándome con sus ojos esmeraldas.
- Te lo prometo.
- ¿Te importaría meterte conmigo?- dice agarrando mi mano.
- No.
Me quito la camisa mientras ella me espera abrazando su cuerpo. Luego los zapatos y el pantalón, los bóxer no, eso sería demasiado, cuanto menos roce tengo ahí abajo, mejor. Alaya extiende sus manos y las cojo. Ella se mete primero, el agua moja su cuerpo, que se pega a su espalda, de espaldas sigue siendo una diosa. Entonces me fijo que por la parte de atrás de sus muslos hay marcas, cicatrices, suspiro, me duele. Ella tira de mi y nos metemos los dos en el agua. Mi cuerpo se moja rápidamente, Alaya me mira, sonríe, es hermosa mojada.
Justin, control. Me repito una y otra vez. Es tu misión. Tengo que mirarla de esa manera, como si un fuera una chica más, como si fuera mi trabajo. Pero se me hace imposible cuando ella se acerca a mi cuerpo, abrazándome, acorralándome en la pared mientras el agua sigue cayendo.
Justin, control.

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