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Capítulo 2

Julie me miró y yo la miré, sonreímos a la vez. Estábamos enfrente de unas enormes puertas de hierro. 

Lo que yo pensaba… por dentro era todo totalmente diferente, suelos brillantes de un mármol claro, paredes de madera oscura hasta la mitad y blanco de la mitad al techo. En algunos sitios de la pared había colgados unos cuadros, no los había visto en mi vida y eso que mi padre me había llevado a miles de museos. Pero no eran cuadros antiguos, eran modernos, lo que le daba alegría a los pasillos, había enormes ventanas.

Las maletas se movían bien sobre el suelo, miré a Julie y sonreí, fue un acto reflejo... ya que la felicidad de Julie era muy contagiosa.

- ¿Sabes que nos toca hacer ahora?- le pregunte.
- - ella me miró con los ojos abiertos- Yo te seguía a ti.

Nos reímos. En verdad no nos preocupada mucho, tan solo queríamos vivir el verano, ser unas adolescentes como las demás. Hablamos y decidimos ir a recepción a informarnos sobre nuestras habitaciones y demás. La mesa era de cristal, sobre ella había un ordenador y detrás sentada en una silla, una mujer de unos 50, su pelo canoso estaba recogido en un moño, manejaba el ordenador hasta incluso mejor que yo… Lo que hace la practica- pensé-. 

Julie habló alegre y la mujer miraba a Julie mientras esta habla, yo me quede al margen, era tímida para estas cosas… Hablar con desconocido no era mi fuerte. Había gente a nuestro alrededor, algunos esperando en la cola, otros hablando. Se mantenía un silencio en la sala, bueno, había un murmullo, pero estaban al mismo nivel, así que era solo eso un murmullo de voces. 

Pero entonces, el murmullo fue roto, unas voces…mejor dicho, unas risas, destacaban. En la habitación algunos se giraron, otros suspiraron y otros directamente se marcharon de la sala. Yo giré mi cabeza, a mi lado se encontraba la puerta por la que habíamos entrado, había un largo pasillo, justo en medio un grupo de chicos 5 o 6 persona, dos chicas y lo demás chicos.

En medio del grupo, en primera fila un chico de cabellos rubio ceniza despeinados, llevaba unas gafas de sol negras en el cuello de su camiseta lisa gris, gracias a que nos la llevaba pude ver sus ojos color miel hermosos. Su piel era blanca y lista, los labios rosados destacaban. Abajo llevaba unos vaqueros negros y deportivas negras. Iba andando lentamente, riendo y mirando a los de su grupo. 

Una chica iba a su lado, llevaba una falda corta negra que enseñaba sus largas y blancas piernas, unas botas militares abiertas, pisaba los cordones, una camiseta de tirantas negra que le llegaba por encima del obligo, su cabello rubio le tocaba la barriga desnuda. Llevaba unas ganas redondas de sol. Los demás no los vi detenidamente, tan solo vi que iban de negro y había una chica de cabellos casi blancos, vestida casi como la otra chica, los demás eran chicos.

Se me encogió el corazón y dejé de mirarlos, daban sustos, sus pasos no se oían eran sus voces, se movían sigilosamente por el pasillo, apunto de llegar a esta sala. Miré a Julie, no se había dado cuenta de las risas ni de la gente que había huido, hablaba plácidamente con la recepcionista. Fui hacía ella, le toqué la mano.

- Julie…- susurre.
- Ahora vamos, Candy- me dijo.

Suspiré y fui donde mi mochila, me daba miedo dejarla sola, tenía dentro todo lo que necesitaba. Entonces pasó lo que yo menso quería que pasara, pasaba por la puerta para llegar a mi maleta y el grupo entraba en la sala, choque con el chico que iba primero. Su cuerpo era duro, así que empujo mi débil cuerpo al suelo. El chico me miró por un segundo, fue el único que lo hizo del grupo.

Nuestros ojos se conectaron por unos segundos, moví mi cuerpo por el suelo, alejándome de él. Su mirada era seria, pero bella. Le susurraron algo al oído y siguió andando como si nada. Me faltaba aire en los pulmones y me había olvidado que estaba en el suelo hasta que Julie vino a mi lado y me toco el hombro.

- ¿Estas bien?- me pregunto.
- Eh, eh, si- dije mientras me apoyaba en ella para levantarme.

Miré por donde se habían ido, justo en aquel momento, el chico con el que me había chocado, miraba hacía atrás. Boca recta, ojos intimidantes. Otro chico se dio la vuelta, este fue menos simpático, me hizo el corte de manga.

- Chicas, tened cuidado con ellos- dijo la mujer de la recepción, giramos a verla- No son buenos.

La mujer nos dedicó una sonrisa antes de que nos fuéramos. Julie no me había hablado en el camino de la recepción a nuestra habitación.

- Julie ¿ha pasado algo?- le pregunte por el camino, antes de empezar el pasillo con puertas.
- No, no- me miro sonriendo- Es solo que no estamos en la misma habitación- se cayó un segundo- ¡Eso por no reservar plaza el mismo día! 
--Solté mi maleta y la abrace del cuello- Tranquila, estaré en tu cuarto todo los días y preocúpate menos por las cosas que pasen ¡estamos aquí para disfrutar! ¿O no es así?
- Claro, toma- me dio una llave- Es tuya, en la llave pone que numero es-suspiró- La mía es esta de aquí- dijo parándose delante de una puerta.

Las puertas eran como de metal, altas y con una raya en medio blanca. El pomo era negro y justo debajo estaba la cerradura de la llave.

- Va a ser mejor que deje mi maleta, ahora vengo ¿de acuerdo?- dije yéndome.
- ¡Ten cuidado!- me grito.
- Si, si.

Julie tiene momentos en los que parece mi madre, pero la quiero mucho. Miré mi llave y fui mirando las puertas hasta que encontré la mía. La 109, todas las puertas eran iguales, meno algunas que tenían colgando un cartelito en el que pone cosas como “No entres” “Residuos tóxicos” “Estoy cagando” Con ese último tuve que aguantar las risas. Había carteles más normales como “Aquí yace…” Bueno, no sé si eso es más normal. Mi puerta era normal, cogí aire y metí la llave.

Abrí un poco la puerta y al respirar un extraño aroma hizo que me atontara por unos segundos, es como un fuerte incienso mezclado con cigarros y un poco de alcohol, me costaría acostumbrarme… Con esto supuse antes de terminar de abrir la puerta que mi compañera de habitación ya estaba ahí y que llevaba bastante tiempo. Al terminar de abrir la puerta escuche una música relajante que venía de una radio que estaba a los pies de una de las dos camas que había. En esa misma cama había una chica tumbada. Tenía los ojos cerrados y si no fuera porque es imposible, parecía que estaba muerta. Era blanca de piel y con cabello pelirrojo y rizado, la sobra de los ojos eran negras y llevaba los labios rojos, unos pantalones de rallas blancas y negras cortos, una camisa ancha negra y unas media de rejillas, no llevaba zapatillas, dejando a la vista unas uñas de color morado. Daba susto verla, iba tan de….negro, no es que no me gustara ese color, pero era en cierto modo muy deprimente.

- ¿Te va a quedar ahí mirando?- dijo la chica abriendo los ojos y mirándome de reojo.
- Eh... No.

Me moví torpe, llevando mi maleta al lado de mi cama.

- ¿Eres nueva?- me pregunto. 

Giré mi cabeza y se había sentado en la cama, mirándome con sus ojos marrones intenso.

- Eh, si, si- dije rápido.
- Chica, que no como- dijo sonriendo.

Me sonrojé y sonreí tímida.

- Soy Lucinda- me tendió la mano.
- Yo Candy.

Cogí su mano, era fría y uñas afiladas al pasar sobre mi mano hizo que me diera un cosquilleo por mi estomago y quitara rápido mi mano.

- Estoy aquí… Por si me necesitas y eso- dijo mientras se volvía a acostar.
- De acuerdo. 

Empecé a sacar algunas cosas de mi maleta, en todo aquel rato, noté la mirada de Lucinda en mí, lo que era muy raro y me ponía muy nerviosa.

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