NARRA JUSTIN.
- Oh, Dios, hijo- dijo mi madre llevándose las manos a la cabeza.
- Perdóname, por favor.
- Me dijiste que no se te iba a ir de las manos ¿por qué la dejaste ganar?
- Quería que no se intimidara en la primera ronda.
- Confiaba en ti Justin.
- No volverá a pasar, mañana le toca a ella…
- ¿Tu crees que ella mañana estará en condiciones por la noche de jugar a eso?
- ¿Por qué dices eso mamá?
Mi madre suspiró y tomó un sorbo a su té verde.
- Mañana ella se va de fiesta, se va a emborrachar, quizás vaya a casa de algún chico.
- Iré con ella.
- Claro ¿tenías alguna duda? Claro que vas a ir. Además, acaba de llamar, se enteró que el sábado había fiesta y me dijo que la vigilaras.
- Le dije que no iba a ir…
- A ver como te las apañas.
Mire a mi madre, ahora no parecía mi madre, parecía una mujer más de la empresa. Suspiré, removí mi cabello, en la que me había metido.
- Sabes que al final todo va a acabar bien.
- Lo sé- dijo ella y me miró, en esos ojos vi de nuevo a mi madre, me estrechó en sus brazos- Sé que esto es mucho para ti, pero ya eres mayor, todos confiamos en ti. Sabes que tu padre estaría orgulloso de ti, hijo mio.
- - sin poder aguantar más, empecé a llorar- No sabes el peso que siento sobre mis hombros, sé que si le pasa algo a Alaya, me cortan el cuello, me siento solo en el instituto, dices que papá estaría orgulloso pero yo no lo sé.
- Confía en mi, cuando tu estabas en mi barriga, él me miraba y tocando mi vientre, repetía una y otra vez “El día en el que yo me muera, sé que mi cargo estará en buenas manos”
Volvía llorar más, todo lo que en mis malos tiempos no había tenido fuerza para llorar por mi ego. Un hombre de 18 años, llorando en el hombro de su madre.
- Sé que tengo que ser fuerte, por papá.
- Así me gusta. Mañana iras, sabes que dentro de unos meses estaremos de nuevo en la ciudad, esto habrá sido solo otra pesadilla. ¿Seguro que quieres ir a la fiesta? Habrá alcohol…
- Mamá, sé que en horas de trabajo no se puede trabajar- dije sonriendo, notando mi cara pegajosa.
Me alejé de mi madre, volví a mi cuarto. Escuche unos ruidos, me puse en alerta. Me asomé por la ventana, vi aterrorizada a Alaya en el suelo, mientras su nariz sangraba. Lo supe al instante, Johanna estaba de vuelta. Lo que me hubiera gustado saltar por la ventana y abrazarla, protegerla, decirle que yo estaba aquí para ella, que no me hacía este tonto juego para conocerla, que la conocía mejor que a la palma de mi mano. Lo peor es que mañana, ella bebería con más ganas.
NARRA EMMA.
Desperté, abriendo mis ojos pesados, directamente mire a la almohada. La hemorragia de la nariz no se había cortado y la almohada estaba llena de sangre. ¿Por qué tuvo que venir hoy? Cuando todo iba genial. Salí de mi cuarto y me dirigí al baño, con la cabeza doblada hacia atrás. Cerré la puerta detrás de mi, cuando llegue, me puse delante del espejo. Cogí un trozo de papel y lo puse en la nariz, luego me empecé a pellizcar en mi cuerpo, sacándome la grasa que me sobraba… que era mucha, Johanna me lo había recordado ayer.
Vomité, llevaba unos días sin hacerlos, pero cuando expulse lo que tenía, era como siempre. Me levante, subí mi camiseta, pase la mano por mi barriga, notando mis costillas, aun así, yo estaba como una foca. Me había levantado a las 3, en mi vida había dormido tanto. Intenté no hacer ruido visitándome para no despertarla. ¿Por qué me había pegado ayer? No se lo pregunte, era tan normal que me pegara porque quisiera.
Me puse una falda negra pegada, que me llegaba a mitad de mi muslo, una blusa burdeos trasparente con tachuelas en los hombros, se me veía el sujetador así que me puse uno bonito, uno negro con encaje. No sé donde iba a ser la fiesta, así que me pude unos zapatos planos, la ultima vez fue en un sitio lleno de barro y plantas, asqueroso pero la bebida hace que te olvides de esas cosas.
Salí de mi casa, preparada para lo que se avecinara, melancólica, dañada, rota. No me había maquillado, mi cara se veía blanca, encima no había sol en el cielo, todo era gris. Se avecinaba una larga noche, con gente extraña. Llegue a la esquina de siempre, todo el mundo pasaba, gente alegre, gente triste. Vagabundos que buscaban sitio por si llovía con carteles que decían que tenían hijos a los que alimentad. Le mande un mensaje a Víctor, diciéndole que estaba lista y que lo esperaba.
Me senté en la acera, unos gilipollas pasaron en un deportivo rojo, me gritaron groserías, querían hacerme suya. Me dieron ganas de partirles la cara, pero no pude, porque ya había llegado Víctor y me agarro, haciendo ver que era suya. Miro a los cuatro chicos del coche, que huyeron nada más verlo. Víctor daba miedo, parecía que tenía los veinte y más, pero solo tenía 18 años. Víctor me agarro tan fuerte de la muñeca que me empezó a cortar la respiración. Me metió en los sillones de su descapotable de atrás con Ruth y Madison.
- Se me defender yo sola- dije refunfuñando.
- Esos chicos te estaban comiendo con la mirada- dijo Víctor apretando el volante.
- Entonces es que este conjunto funciona- dije.
- Cállate, si no hubiéramos llegado a saber lo que te hubiera pasado.
- No me mandes a callar Víctor.
Víctor respiró, y aflojó un poco sus manos.
- Solo intento cuidarte, que no te pase nada malo.
- Sabes que no puedes hacer nada para que no pase. Mi vida es así, mala- dije bajando un poco mi falda, las cicatrices de mi ultima cortada se notaban por mis piernas.
Nadie hablo más, bajamos cuando llegamos a un sitio donde vendían alcohol muy barato, Hugo, Mad y Ruth, se encargaron de comprar otras cosas aparte de bebidas. Víctor y yo esperamos afuera apoyados en el coche.
- Ha vuelto Johanna- dije para romper el silencio.
- No vuelvas esta noche a tu casa- me dijo él, como no, proponiéndome que me mudara con él.
- No puedo hacer eso, me encontrara tarde o temprano y será peor.
Víctor me miró a los ojos intentando comprenderme, le daba lastima. Pasó su brazo por mis hombros y me abrazo, suspiré. Recordé cuando Justin había tocado mis moratones… Quizás le tenía que haber insistido un poco más…
- Sabe que eres la mejor chica, no te mereces esto.
- Nadie se merece esto.
- Pero tu menos. Te prometo que algún día volverás a ser feliz.
- No hagas promesa que no puedes cumplir, Víctor.
- Cuando me propongo algo, lo consigo.
No tuve tiempo a rechistar, los demás salieron y nos montamos de nuevo en el coche, dirección a una fiesta, después de preguntar mucho, supe que me dirigía a un parque de atracciones abandonado. Buen lugar para una fiesta.

0 opiniones:
Publicar un comentario