Una habitación blanca, tan blanca que me cegaba los ojos. Su respiración daba en mi nuca, me gire y su cara estaba demasiado cerca, sus ojos color miel me miraban fijamente. De repente la figura de Justin se alejaba, él no hacía nada, tan solo me miraba. Empecé a pegar chillido, a gritar su nombre. Entonces caí que no era él el que se movía… era yo, de nuevo, me alejaban de Justin.
- Cielo, despierta- oí una voz que me despertaba.
Mi respiración era agitada, abrí los ojos y me encontré con su cara. Hice una mueca y me tape con la sabana. Notaba mis cabellos pegados a mi nuca por el sudor, notaba lágrimas en mis mejillas y la almohada estaba húmeda.
- Venga, Emma, sal- dijo mi madre.
- No- susurre sin mover los labios.
Entonces mi madre aparto la sabana que me cubría.
- Levántate, llegaremos tarde.
- ¡QUE ME DEJES!- me volví a tapar con la sabana aunque me moría de calor.
Escuche un suspiro de mi madre, luego oí sus pasos alejándose y la puerta cerrándose. Rápidamente me quite la sabana y pase mi mano por mi nuca, estaba sudada. Solía tener pesadillas cada noche, en las cuales yo siempre lo abandonaba… Me levante resignada de mi cama, fui al baño y abrí el grifo. El agua estaba fría, lo agradecí. Moje mi cara y mis brazos. Me deshice de mi ropa y me metí en la ducha. Rápidamente limpie mi cabello, enjabone mi cuerpo y luego quite la espuma de mi cuerpo. Ahora me sentía más fresquita. Salí de la ducha envuelta de mi albornoz. Me empecé a secar el pelo.
¿Dónde teníamos que ir hoy? Mire el reloj que tenía colgando de la pared, eran las 12 de la mañana. Teníamos una comida…. Ah, cierto, una comida en la casa de uno de la empresa de mi padre. Suspire, odiaba ir a esos sitios. Cuando estaba ya se seco mi pelo, pare el secador, lo guarde y salí a mi habitación. Sobre mi cama- ya echa- se encontraba un vestido con finas tirantas, por encima de las rodillas, con flores pequeñas color burdeos y de un azul claro, el fondo del vestido era de un beis-marrón. Mi madre me lo había puesto cuando me duchaba…. A los pies de la cama, en el suelo, había unas sandalias color beis-marrón.
Suspire, me coloque mi ropa interior, luego el vestido y las sandalias. Volví al cuarto de baño, peine mi cabello y lo deje suelto, me coloque mis gafas… Cogí un gloss trasparente y lo eche sobre mis labios. Cogí un bote que estaba lleno de maquillaje, eche un poco en mi dedo. Alargue mi brazo izquierdo y extendí el maquillaje por la muñeca, tapando los cortes. Una pequeña lágrima calló por mis ojos, pude reprimir las demás lágrimas. Entendí como se sintió esa chica, la ex-novia de Justin cuando pensó en una vida sin él, sin su amor… Ahora la entiendo perfectamente, entiendo porque se suicidio, yo haría lo mismo, pero no tengo tanta fuerza de voluntad, solo me hago cortes pequeños, sin mucha profundidad.
Termine de extender el maquillaje y cogí un poco para tapar mis ojeras, no solía dormir por culpa de las horribles pesadillas. Me eche unas gotas de perfume y me miro por última vez en el espeja. Salí de mi cuarto y baje las escaleras, mi… familia me esperaba en el hall. No salude, abrí la puerta de la casa y me dirigí hasta el coche. Al rato llegaron.
- Somos tu familia, por lo menos podrías saludarnos- dijo mi padre.
- Os dije muy claro el día que me trajisteis aquí, que ya no sois nada mio. Y haz el favor de abrir el coche antes de que cambie de idea y vuelva a mi cuarto.
Mi padre suspiro, metió la llave en su puerta e inmediatamente, las demás se abrieron. Abrí mi puerta y me metí dentro. Mi madre coloco a mi hermana en una silla especial para ella, me miro y luego bajó la mirada. Me dedique a mirar por la ventana el camino de casa a la casa donde teníamos la comida. Llegamos a la casa… Cuando nos empezamos a acercar a la puerta de entrada mi padre empezó a hablar.
- Hija…- gruñí- Emma… Esto es muy importante para mí trabajo, así que haz el favor de controlarte.
- Lo intentare- le sonreí irónicamente.
Mi padre suspiro. Seguimos caminando hasta llegar a la puerta, mi padre pego al timbre. La puerta se abrió y una mujer mayor nos sonreía.
- ¿La familia Gray?- dijo la mujer.
- Si- dijo mi padre sonriendo.
La mujer se apartó de la puerta y nos dejo pasar. Yo pasé la ultima mirando al suelo, odiaba estas comidas, toda las sonrisas eran falsas y los halagos igual. Levante la mirada y había una mujer y un hombre delante de mi.
- Hola, Cesar- dijo mi padre acercándose al hombre y dando su mano.
- - el hombre la cogió y sonrió- Hola.
- Ellos son mi familia- dijo mi padre- Ella es mi mujer, Elena- señalo a mi madre- Ella mi hija pequeña, Lara- señalo a mi hermana, que sonrió- Y ella… es mi hija, Emma- me señalo, yo sonreí al hombre.
- Son todas hermosas- dijo Cesar- Ella es mi mujer, Cathy- señalo a la mujer que estaba a su lado.
- Un placer- dijo la mujer- ¿Pasamos al salón?
Mi padre asintió con la cabeza. Pasamos todos al salón, me quede de pie, no me quería sentar… Bueno, no me importaba sentarme, lo que no quería es estar aquí, aburriéndome mientras escuchaba su conversación sobre los negocios.
- Oh, Emma… Seguro que te aburrirás… ¿Qué te parece dar una vuelta por la casa?- dijo Cesar.
La idea me encantó, iba a hablar pero mi padre no me lo permitió.
- Cesar, creo recordar que dijiste que tenías un hijo de 17 años ¿no? Como Emma.
- Es cierto- dijo Cesar asintiendo- Elisa- dijo un poco más alto.
- ¿Qué desea?- en el salón apareció la mujer que nos había abierto la puerta.
- Llama a mi hijo- dijo Cesar.
La mujer sonrió y desapareció de la habitación. Yo suspire y me apoye en la pared, no me gustaba la idea de mi padre… mire a mis pies, no me gustaba nada. Escuche unos pasos, pero no levante mi cabeza, hasta que escuche toser a mi padre, levante la mirada y mire, había llegado un chico.
- Él es Richard.
Le mire y sonreí, aunque mi sonrisa se convirtió sin querer en una mueca. Al parecer a mis padres no les importaba que yo estuviera con chicos si ese chico le ayudaba en sus negocios. Mire al chico, tenía el pelo rubio y pequeños rizos caía sobre su cara, él se los aparto y me sonrió, tenía unos ojos verdes aceituna, hay que reconocer, que eran preciosos. Su piel estaba tostada, pero no mucho, iba con una camisa azul claro, mal abrochada, su pongo que se la acababa de poner, uno jeans y unas converses negras.
- Yo soy Emma.
Richard me sonrió de nuevo, aun que note en su sonrisa que tampoco le apetecía mucho este encuentro.
- ¿Me puedo ir ya?- le susurro a su padre, pero no demasiado flojo.
- ¡Richard!- le regaño- Había pensado que le dieras a Emma una vuelta por la casa, para que no se aburriera.
Richard resoplo y me miro.
- ¿Vamos?
Me encogí de hombros, fui hacía él, no me importaba con quien fuera, pero yo necesitaba irme de esa habitación. Richard puso sus manos en sus bolsillos y tuve que mirarlo, para saber donde íbamos. Salimos al patío.
- ¿Dónde estudias?- dijo Richard.
- En casa… Bueno, no se si ahora me meterán en una escuela, pero termine el curso pasado en mi casa.
Richard rio y aparto los rizos que caían sobre sus ojos.
- ¿Y eso?
- - note como se me aguaban los ojos- Yo estaba en un internado… Pero mis padres me sacaron.
- - noté su mirada fija en mi intrigado- ¿Te sacaron? ¿Por qué?
Me encontré incomoda, entre su mirada y que las preguntas eran muy intimas tenía ganas de llorar.
- Demasiadas preguntas ¡eh! Acabamos de conocernos- le recordé.
- No creo que sean preguntas raras…- dijo y quitó su mirada de mí.
Seguimos andando por el jardín, el césped hacía cosquilla en mis pies. Llegamos a una fuente y él se sentó en el borde.
- ¿Y tú? ¿Dónde estudias?- pregunte.
-Ahora mismo no se donde mis padres han echado la matricula- se rio.
No le vi la gracia, así que deje de hablar. Pero el silenció era muy incomodo.
- Veo que no te llevas muy bien con tus padres… o por lo menos estabas incomodo antes.
El sonido del agua caer y el piar de los pájaros, era muy relajante.
- No me gusta que venga gente a casa y que le haga la pelota a mi padre, por negocios. Es asqueroso.
- Digo lo mismo.
- Y respecto a mis padres, bueno, ni me va ni me viene… Siempre están con sus trabajos, pasamos poco tiempos juntos- se encogió de hombro-… No les tengo mucho cariño. Pero son mis padres.
- ¡Richard!- grito una voz femenina a los lejos- La comida ya esta lista.
Los dos miramos de donde venia la voz, era la mujer que me había abierto la puerta. Richard se separo de la fuente y empezó a andar, como si se hubiera olvidado de que yo estaba a su lado.
NARRA JUSTIN.
Me lavé la cara en un río que había en este enorme bosque. El calor era insoportable, pero por lo menos, en el bosque hacía algo de fresquito. Me moje la nuca y suspire. Mire mi reflejo en el río, mis ojeras eran enormes y estaba blanco. Me levante del suelo y sacudí mis rodillas. Vivía en un bosque, sonara raro, pero no me siento bien en ningún lado, además ya tengo 18 años, puedo hacer lo que me apetezca. Sobretodo vivo aquí, porque no me siento bien en ningún lado, mi casa es donde este ella…
Me aleje del bosque y fui a la cafetería que iba cada mañana. Me arregle un poco mi pelo y entre. Lurdes me sonrió, era la camarera, siempre estaba allí.
- Hola Justin- dijo cuando me senté y ella vino para ver que quería- ¿Lo mismo de siempre?
- Si – dije serio.
Lurdes era mayor, treinta y tantos, supongo. Una rejilla apretaba su pelo corto y rizado de color rojizo. ¿Qué como me paga el desayuno? Mi madre dejaba dinero en esta cafetería cada mañana, se seguía preocupando por mí. Al rato Lurdes llego con mi café y mis pancakes con sirope de chocolate.
- Ya mismo se acaban las vacaciones ¿qué vas a hacer?- me preguntó.
- Ya tengo 18, no tengo que seguir estudiando, estoy harto.
- Ay, ay, ay, Justin…- dio palmaditas en mi espalda- ¿Quién sabe? Quizás ella va allí a buscarte…
- -Se me iluminaron los ojos, pero luego se apagaron- Seguro que ya ni se acuerda de mi nombre- hinque el tenedor en mis pancakes.

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